DISPERSIONES

DISPERSIONES

miércoles, 15 de febrero de 2017

JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA










      José Luis García Herrera nace en Esplugues de Llobregat (Barcelona) el año 1964. Es poeta, narrador, rapsoda, crítico literario y técnico químico-alimentario. Fue director de la revista El juglar y la luna, directivo de la Academia Iberoamericana de Poesía en Barcelona y miembro fundador de los premios literarios Ciutat de Sant Andreu de la Barca.

      Ha publicado los libros Lágrimas de rojo niebla (1990, Premi Vila de Martorell 1989), Memoria del olvido (1992), Los nuevos poetas (1994), Código privado (1996), La ciudad del agua (Premio Elvira Castañón 1997), Los caballos de la mar no tienen alas (2000, Premio Villa de Benasque 1999), Spelugges (2002), El guardián de los espejos (2004, accésit Premio Víctor Jara 2003), Las huellas del viento (2005, Premio María del Villar 2004), Mar de Praga (2005, Premio Blas de Otero 2004), La huella escrita (2007, Premio Mariano Roldán 2006), Las huellas en el laberinto (2007, Premio Ciutat de Benicarló 2006), El recinto del fuego (2008, Premio Ateneo Guipuzcoano 2007), Cuaderno de Britania (2010, Premio Juan Alcaide 2010) y La solicitud (2012, Premi Festa d'Elx 2011).

      Ha sido incluido en las siguientes antologías: Geografías habitadas (25 poetas, 25 paisajes). Viento: sombra de voces, Árbol de bendición, Tejedores de palabras, 10 de Barcelona y Charnegos/Xamegos, y ha visto sus poemas publicados en numerosas revistas españolas, así como en revistas de Italia, Portugal, Cuba y México. En narrativa ha sido finalista de los premios Villa de Torrecampo y Tierra de Monegros. Ha sido traducido al catalán, italiano, francés, portugués y checo.




EL FRÍO DE LA NOCHE



El frío de la noche ha cerrado las calles.
Observo las bocas negras de las chimeneas y el humo
reptando por las copas de los árboles.
Es otoño, pero parece invierno. Lejos de aquí
mi madre cose el silencio de la casa
que han abierto sus hijos con la ausencia.
Todos ellos -nosotros- desperdigados
como hojas secas caídas en otoño.
El frío de la noche borra las huellas de las manos.
Todo enmudece. Todo adquiere el color blanco
que anuncia el mar de la nostalgia
y la negrura espesa que precede al silencio.
Lejos, muy lejos, mi padre lee en unas cuartillas
las palabras que no sé decirle por teléfono.
El frío de la noche ha cerrado las puertas.



JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA ("Hielo").-

lunes, 13 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927






MANUEL ALTOLAGUIRRE



      Los valores de su poesía -menor, pero auténtica- emanan de la calidad humana de su autor, "ángel" malagueño, como lo llamó Aleixandre. De Altolaguirre dice José Luis Cano que "era la juventud misma, la alegre y dorada inconsciencia del vivir... era tan distraído y seductor como Shelley". Este "benjamín de la generación de 1927" tenía, como Lorca, el don de la contagiosa simpatía, de la gracia infantil. Su obra es aérea, delicada, de aliento romántico. De pronto, el niño, el "ángel" que parecía estar en las nubes, nos sorprende con un chispazo de misteriosa intuición de lo humano abisal, que hace pensar en Blake. Altolaguirre mismo confesó que su poesía "se siente hermana menor de la de Salinas", reconociendo también el influjo de Juan Ramón Jiménez, Aleixandre, Cernuda y Prados.





PLAYA


Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Sobre la arena tendido
como despojo del mar
se encuentra un niño dormido.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.


MANUEL ALTOLAGUIRRE ("Las islas invitadas y otros poemas").-

domingo, 12 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927








EMILIO PRADOS



      Malagueño, como Altolaguirre, con quien le unió estrecha amistad y en compañía del cual fundó y dirigió la revista y ediciones de "Litoral". Prados sólo recibe un influjo epidérmico de las escuelas de vanguardia: el aire de juego, el uso de las metáforas. Su obra, de refinado tono menor -Canciones del farero, Cancionero menor-, es una estilización culta del folclore andaluz. Esta poesía se relaciona con la del primer Alberti en sus motivos marineros, donde, como escribe Balbuena Prat, "hay más orden que inmensidad, más nave que brisa, más puerto que espuma"; y con la de García Lorca, tanto por el gusto del arabesco y la miniatura como por la presencia de más hondos temas: el llanto, el sueño, la muerte: El llanto subterráneo, Circuncisión del sueño, Mínima muerte. Los acontecimientos de la vida española -la guerra, el destierro- ponen en Prados, sobre la gracia infantil y juvenil de sus primitivas canciones, un acento de humanidad y de dolor.




CANCIÓN



No es lo que está roto, no,
el agua que el vaso tiene:
lo que está roto es el vaso
y, el agua, al suelo se vierte.

No es lo que está roto, no,
la luz que sujeta al día:
lo que está roto es el tiempo
y en la sombra se desliza.

No es lo que está roto, no,
la sangre que te levanta:
lo que está roto es tu cuerpo
y en el sueño te derramas.

No es lo que está roto, no,
la caja del pensamiento:
lo que está roto es la idea
que la lleva a lo soberbio.

No es lo que está roto Dios,
ni el campo que Él ha creado:
lo que está roto es el hombre
que no ve a Dios en su campo.


EMILIO PRADOS ("Llanto en la sangre").-

sábado, 11 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927







LUIS CERNUDA



      Sevillano como Bécquer, recuerda al autor de las Rimas en la delicada, impalpable sensibilidad, la contención expresiva alejada de toda retórica, la predilección por la "lírica de los nortes": alemana e inglesa. La obra de Cernuda es, entre todas las de su tiempo, la que menos encaja en la tradición poética nacional comúnmente aceptada. En este sentido aporta original novedad al acervo español.
      Poeta fatal, obligado por su "demonio" interior al cumplimiento de una vocación y a la fidelidad a sí mismo, Cernuda es un romántico de la estirpe de Keats o de Hölderlin. Rebelde y puro, expresa su desengaño del mundo, su desdén por la vida y la maldad humana, su desazón ante la eterna oposición entre "la realidad y el deseo", en un lenguaje de ajustada belleza, en un verso libre refrenado, abandonado al cansancio de la palabra, de apariencia descuidada, pero de honda perfección interna en su sencillez.
      Cernuda empieza bajo el influjo de Guillén, que abandona en seguida. Dos libros -Un río, un amor (1929) y Los placeres prohibidos (1931)- señalan su incorporación al surrealismo, "corriente espiritual en la juventud de una época ante la cual -escribe el autor- yo no pude, ni quise, permanecer indiferente". Invocaciones a las gracias del mundo (1934-35) representa el descubrimiento, a través de Hölderlin, de Grecia y del paganismo. En los libros escritos en el destierro, Cernuda toca en ocasiones -Lázaro, La visita de Dios, etc.- temas cristianos y religiosos.
      Pasión y reflexión se equilibran y funden en esta poesía de fuego envasado en una forma nítida y fría; poesía de la que cabría decir, con un verso del autor, que está hecha de "miembros de mármol con sabor de estío". El retraimiento del hombre y las cualidades, tan raras entre nosotros de su poesía -pensamiento, aristocraticismo espiritual, desprecio de la elocuencia- han contribuido a que Cernuda, aunque muy admirado por ciertos lectores, no goce unánimemente del puesto privilegiado que en justicia le corresponde.




NO DECÍA PALABRAS


No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.


LUIS CERNUDA ("Los placeres prohibidos").-

viernes, 10 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927







VICENTE ALEIXANDRE




      Aleixandre -escribe Bousoño- "hace de la solidaridad amorosa con el cosmos y el hombre el centro de su actividad literaria". La fórmula surrealista, de la cual parte -Espadas como labios, Pasión de la tierra- alcanza su plenitud en La destrucción o el amor. Con justicia, afirma Cernuda: "El superrealismo francés obtiene con Aleixandre en España lo que no obtuvo en si tierra de origen: un gran poeta".
      La destrucción o el amor (1935) es un canto total a la naturaleza, a su despliegue de fuerzas y al anhelo por llegar, a través del amor, quebrantando nuestra radical soledad, a la comunión pánica en el seno del universo. El sentido de este libro, doloroso y violento, se completa con el siguiente: Sombra del paraíso (1944), menos encrespado de forma, pero idéntico en sustancia. Fijémonos en el título: Aleixandre no canta el mundo "bien hecho" de Jorge Guillén, el paraíso terrenal en esta vida, ya que persiste en la visión panteísta de La destrucción o el amor, y no hay edén si antes no se consuma nuestra aniquilación. Canta la nostalgia de un reino paradisíaco que lo mismo puede ser posterior a la muerte que anterior al nacimiento del hombre: "¡Humano: nunca nazcas!" Este verso traduce el pesimismo de Aleixandre, que no cree en ninguna "bondad natural" del hombre. Los seres representativos de este poeta son los animales, como símbolos de vida próxima a la naturaleza, como encarnaciones de su poderío. De ahí la copiosa fauna que aparece en los dos libros de que tratamos. Ambos muestran una apretada estructura, una sistemática concepción del mundo.
      Historia del corazón (1945) señala un cambio de perspectiva en el autor, que evoluciona sin romper con su precedente postura. Ahora la atención del poeta se centra en el hombre, no ya como individuo aislado, sino como miembro de lo comunal, como elemento solidario "en un vasto dominio", según reza el título de su libro siguiente y la significativa cita de Goethe que lo encabeza: "Sólo todos los hombres viven lo humano". A través del nuevo enfoque reconocemos al mismo poeta de siempre, su coherencia de pensamiento.
      Aleixandre es un maestro del verso libre, forma que maneja con pujante originalidad en La Destrucción o el amor, y que eleva a una belleza "clásica" desde Sombra del paraíso.
      Esta poesía se nos ofrece, así, como un gran panorama de cerrada perfección. Centrada primero en el cosmos y más tarde en el hombre, nos proyecta sobre la doble aventura de la existencia: el gran misterio universal y el pequeño gran misterio del corazón humano; recorre el macrocosmos y el microcosmos, lo exterior y lo íntimo; es poesía metafísica y poesía ética. Ningún poeta ha ejercido más influencia que Aleixandre en la generación posterior a 1939.




TORO


   Esa mentira o casta.
Aquí, mastines, pronto; paloma, vuela; salta, toro,
toro de luna o miel que no despega.
Aquí, pronto; escapad, escapad; sólo quiero,
sólo quiero los bordes de la lucha.

   Oh tú, toro hermosísimo, piel sorprendida,
ciega suavidad como un mar hacia adentro,
quietud, caricia, toro, toro de cien poderes,
frente a un bosque parado de espanto al borde.

   Toro o mundo que no,
que no muge. Silencio;
vastedad de esta hora. Cuerno o cielo ostentoso,
toro negro que aguanta caricia, seda, mano.

   Ternura delicada sobre una piel de mar,
mar brillante y caliente, anca pujante y dulce,
abandono asombroso del bulto que deshace
sus fuerzas casi cósmicas como leche de estrellas.

Mano inmensa que cubre celeste toro en tierra.



VICENTE ALEIXANDRE ("Espadas como labios").-

jueves, 9 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927








DÁMASO ALONSO



      Su contribución más importante en el momento formativo del grupo de 1927 fue la revalorización de Góngora. Es Dámaso Alonso quien descubre a sus compañeros de generación el significado artístico del autor de las Soledades. También quien pone a algunos (a Alberti, por ejemplo) sobre la pista de nuestro cancionero tradicional. Como poeta se le deben los Poemas puros, poemillas de ciudad (1921), libro que, a pesar de la fecha y del título, no tiene nada que ver con la poesía "pura" de entonces, y, muy poco con Juan Ramón Jiménez, cuya influencia era omnímoda a la sazón. El mayor interés de este libro consiste en ofrecernos en embrión los principales rasgos de la obra madura de su autor.
      La madurez poética de Dámaso Alonso es tardía: no llega hasta Hijos de la ira (1944), libro de poesía "desarraigada", que ha ejercido, por la forma y el contenido, amplio influjo en las últimas generaciones. La expresión prosaica, con ecos del surrealismo; el verso sincopado, violento; la preocupación religiosa, el pensamiento "existencial" de este libro, marcan un viaje en el rumbo de la poesía española. Lo que importa al poeta no es la creación de belleza, sino la inmersión en el dolor del mundo, en la vida humana. Hijos de la ira es un diálogo del hombre con Dios, o quizá "sin Dios" en el sentido pascaliano o agustiniano: el hombre, sin Dios, se siente "miserable"; el hombre no buscaría a Dios si no lo hubiese ya encontrado. El diálogo, tan apasionado como el de Unamuno, discurre entre patéticas, desgarradas imprecaciones y ramalazos de humor grotesco. Sin Dios, este mundo es un contrasentido, un absurdo, una verdadera alucinación. El hombre es un "monstruo entre monstruos". Hijos de la ira representa el arranque de una obra que se mueve toda entre los dos mismos polos -Dios y el hombre-, aunque con distintas leyes de polaridad en cada libro: Hombre sin Dios, en Hijos de la ira y en Oscura noticia; "Hombre y Dios", en el libro así titulado; Hombre-Dios, en Gozos de la vista.



CALLE DE ARRABAL


Se me quedó en lo hondo
una visión tan clara,
que tengo que entornar los ojos cuando
pretendo recordarla.

A un lado, hay un calvero de solares;
al otro, están las casas alineadas
porque esperan que de un momento a otro
la Primavera pasará.

                              Las sábanas,
aún goteantes, penden
de todas las ventanas.
El viento juega con el sol en ellas
y ellas ríen del juego y de la gracia.

Y hay las niñas bonitas
que se peinan al aire libre.

                              Cantan
los chicos de una escuela la lección.
Las once dan.

                              Por el arroyo pasa
un viejo cojitranco
que empuja su carrito de naranjas.



DÁMASO ALONSO ("Poemas puros. Poemillas de la ciudad").-




miércoles, 8 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927






JUAN JOSÉ DOMENCHINA


   A pesar de la precocidad -publica Del poema eterno a los diecinueve años-, Domenchina es antes escritor de oficio que poeta indeclinable. Su punto de partida es el posmodernismo, con influencias de Juan Ramón Jiménez. Pero Domenchina se parece más a Ramón Pérez de Ayala, prologuista de su primer libro, con quien comparte la sutileza, el rigor conceptual, la sequedad, la inspiración "literaria" (Quevedo, entre los clásicos; Valéry y Guillén, entre los modernos), la tendencia a la ironía amarga y la sátira, el barroco rebuscamiento verbal, que llega al colmo en la críptica, enrevesada expresión de Dédalo, libro con el que su autor se incorpora, bastante externamente, a la boga surrealista. El talento de Domenchina encuentra su mejor cauce en las formas clásicas del barroquismo español: la décima, el soneto. En los últimos años, al tema sexual y al de la muerte se une el de la nostalgia del expatriado: Exul umbra, La sombra desterrada, El extrañado. Este sentimiento, y una mayor tersura formal, dan a los citados libros un acento de sinceridad, dignidad moral, grave estoicismo, por los que Domenchina se hace acreedor, en definitiva, al título de poeta.



NEVERMORE


   Ala de sombra, un cuervo -que crascita
Nunca- repite su áspero graznido
a través de mi día mal vivido
y de mi noche a solas, infinita.

   En su agorera convicción imita
mi doble desaliento persuadido
de que nunca la tierra que he tenido
podrá tenerme en pie, que está proscrita.

   Nunca... Pico de grajo, el pensamiento
-corvo, corvino- escarba... Lo que siento
sólo puede decirse en ese nunca

   -cuervo de negra luz, empobrecida
pitanza, interminable despedida-
que tiene el nombre de mi nombre: Nunca.



JUAN JOSÉ DOMENCHINA ("Pasión de sombra").-

martes, 7 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927







RAFAEL ALBERTI



      Más que a Lorca, con quien suele comparársele por fáciles motivos -andalucismo, vena popular-, Alberti recuerda a Gerardo Diego por el dominio de la técnica, la variedad de facetas, la fecundidad. En la poesía de Alberti hay que distinguir las siguientes etapas:
      La neopopularista -Marinero en tierra, La amante, El alba del alhelí-, inspirada en nuestro cancionero tradicional y el el folclore andaluz. Estas breves canciones donde se conjuntan felizmente tradición y modernidad, escritas con la gracia de un Gil Vicente o de un Lope, son quizá el máximo acierto de Alberti, que en los últimos años volvió más de una vez a su primera manera: Entre el clavel y la espada, Baladas y Canciones del Paraná.
      La neogongorina y vanguardista -Cal y canto-, propia del entusiasmo de su generación por el autor de las Soledades, de quien hace una paráfrasis. La obra incluye, además, sonetos, tercetos, romances, cuartetos y algunos poemas que preludian el humor de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Cal y canto es un libro sin unidad temática ni formal, un ejercicio de virtuosismo barroco, sin mayores méritos que los técnicos.
      La surrealista: Sobre los ángeles. En mi opinión, se ha exagerado mucho el valor de este libro, que muchos consideran la obra maestra del autor y una de las obras capitales del surrealismo español. El surrealismo de Alberti parece más fruto de una deliberada actitud mimética que de una honda convicción interior. Los ángeles y demonios de Alberti resultan "literarios". El verso libre es indeciso, como producto de una nueva experimentación del poeta, que no logra en él la maestría formal mostrada en los metros, populares o cultos, antes cultivados. Sobre los ángeles incluye un homenaje al soñador y angélico Bécquer, a quien los poetas de 1927 salvaron, por su pureza estética, del descrédito en que envolvieron al Romanticismo. Sermones y moradas prolonga la línea de Sobre los ángeles, en un verso libre estirado hasta los límites de la prosa.
      A partir de  este momento y a través de Elegía cívica -"crisis anarquista y tránsito de mi pensamiento poético", en palabras del autor-, Alberti desemboca en la poesía política, que cultivará hasta el final, aunque con frecuentes retornos a la "poesía burguesa", que repudió en 1931. Es lugar común afirmar que la lírica revolucionaria de Alberti no está al nivel de su producción anterior. Es verdad que en dicha lírica hay lamentables caídas y muestras de mal gusto. Pero también lo es que en esta dirección Alberti ha escrito bastantes de los mejores poemas que salieron jamás de su pluma.
      En conjunto, Alberti es, a mi juicio, un gran poeta, pero no un poeta de primerísimo orden, como creen muchos que lo ponen a la par, y aun por encima, de Lorca.



EL CUERPO DESHABITADO



   Yo te arrojé de mi cuerpo,
yo, con un carbón ardiendo.
   -Vete.
   Madrugada.
La luz, muerta en las esquinas
y en las casas.
Los hombres y las mujeres
ya no estaban.
   -Vete.
   Quedó mi cuerpo vacío,
negro saco, a la ventana.
   Se fue.
Se fue, doblando las calles.
Mi cuerpo anduvo, sin nadie.


RAFAEL ALBERTI ("Sobre los ángeles").-

lunes, 6 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927









FEDERICO GARCÍA LORCA




      Es el ejemplo típico de poeta nato, lo que no excluye que haya en él mucho de aprendido. Su poesía es, tanto o más que lírica, dramática, en los dos sentidos de esta palabra: en el de trágica y en el de encarnada en personajes que no son mera proyección del yo del autor. El poeta lírico y el dramático colaboran en su teatro, en el que se encuentran algunas de las muestras poemáticas más felices que escribiera. Su instinto de lo popular y de lo español (no sólo de lo andaluz: recuérdense sus Poemas galegos) era comparable al de Lope. Poesía, a la vez, una intuición agudísima del arte moderno y de la cultura literaria. Lo popular y lo culto, lo antiguo y lo nuevo, lo espontáneo y lo reflexivo, lo español lo universal se funden en su obras, si no mejor, más famosa: el Romancero gitano. Sin ser el único que resucita el romance tradicional, lo cultiva con personalidad absoluta. Este libro ha logrado entusiasmar tanto al gran público como al lector entendido. Al primero, por la ilación argumental -tenue, pero perceptible-, por la tensión dramática y la suspensión emotiva, por la forma métrica y las calidades plásticas, sensuales, garbosas; al segundo, por todo ello y por el constante acierto expresivo, la riqueza de metáforas, oscuras y difíciles a veces, pero siempre geniales, por la profundidad simbólica -telúrica, elemental- que trasciende de la anécdota y los tipos pasionales, primitivos, que le dan vida. El Poema del cante jondo, basado en el folclore andaluz, es de ambiente similar al del Romancero gitano. Ambos libros hacen de Lorca el intérprete impar de la "Andalucía del llanto".
      Canciones nos ofrece otra faceta de Lorca: la del sabio recreador de nuestra poesía de cancionero, la ternura y la gracia líricas del juglar del mundo infantil, de la miniatura refinada. En Canciones, el andalucismo es subsidiario. Lo primordial es el acento popular, por  la estilización del folclore.
      Su obras maestra es quizá el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, libro en el que su autor dio la plena medida de sí mismo y que si se compara con Verte y no verte, elegía de Alberti al mismo citado torero, permite fallar sin la menor duda la superioridad de Lorca sobre quien durante algún tiempo fue su presunto rival. Las cuatro partes del Llanto, con sus diferentes metros, componen una sinfonía funeral de riqueza y hondura admirables. Lo de menos es la ocasión para la que se escribió. Su alcance es universal..
      En el Llanto se deja ver la influencia del surrealismo. Pero donde este influjo es más claro, sin ser abrumador, pues Lorca tenía el sentido de la medida, es en Poeta en Nueva York, airada protesta contra la civilización materialista y mecánica de nuestro tiempo, con ecos de denuncia social: los negros, la vida de los suburbios...
      Lorca es el autor español de su generación que ha alcanzado mayor resonancia internacional. No es extraño este triunfo de un poeta que reunió en síntesis única tan varios y acusados dones.




CANCIÓN DE JINETE


Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.



FEDERICO GARCÍA LORCA ("Romancero gitano").-

domingo, 5 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927







GERARDO DIEGO



      Sus dos notas sobresalientes son la versatilidad y el virtuosismo, arquitectónico y musical a la vez. Nadie ofrece tan vario registro de temas, metros, estilos, tendencias. En sus libros iniciales -El romancero de la novia, Soria- hay aún ecos románticos (de Bécquer, sobre todo) y modernistas, con influjos de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Imagen y Manual de espumas son audaces muestras de creacionismo, de poesía deshumanizada. Un nuevo sesgo origina los Versos humanos. El entusiasmo gongorino de 1927, la barroca Fábula de Equis y Zeda y la Antología poética en honor de Góngora. Esta antología, la de Poesía española (1932) y la dirección de la revista "Carmen" hace de Gerardo Diego uno de los teóricos y promotores, junto a Dámaso Alonso, de la nueva poesía. Ya cultive la más libere, ya la más tradicional, aunque siempre con acento moderno, y cualquiera que sea el tipo de verso elegido, la perfección formal es constante. Gerardo Diego no tiene rival en el dominio del soneto, con el que alcanza altitud cimera en Alondra de verdad, quizá su obra maestra. La técnica y la facilidad de este poeta son tales, que le permiten tocar con igual acierto los temas más graves -por ejemplo, el religioso, poco cultivado en su época: Viacrucis, Versos divinos- y lo más ligeros, como el tema de los toros: La suerte o la muerte. El propio Gerardo Diego nos explicó su polifacética disposición: "Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso personal e intransferible". Que una producción de tan sostenido nivel de belleza sea compatible con una rica fecundidad es testimonio seguro de que su autor no es sólo un artífice, sino un auténtico poeta.



NOCTURNO


Están todas.
También las que se encienden en las noches de moda.

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos.

Son sensibles al tacto las estrellas.
No sé escribir a máquina sin ellas.

Ellas lo saben todo:
graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil.

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano.


GERARDO DIEGO ("Manual de espumas").-

sábado, 4 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927






JORGE GUILLÉN


      Toda la poesía de Guillén, hasta 1950, es un Cántico al cosmos -"El mundo está bien hecho"- y a la dicha de ser:


               Ser. Nada más. Y basta.
               Es la absoluta dicha.



      Si por su rigor ontológico y por la perfección clásica que lo expresa, Guillén se relaciona con Paul Valéry, por su elementalidad y su optimismo vital recuerda, como señaló Salinas, a Walt Whitman. Para Guillén, que no cree en el pecado original, el paraíso terrenal está en esta vida, que es contemplada no como camino para la otra, sino como "absoluto presente". En este universo, ajeno al curso del tiempo, inmutable, esencial y perfecto, como el de Parménides o el de Leibniz, las realidades inmediatas son mera representación de lo uno esencial:


               ¡Oh concentración prodigiosa!
               Todas las rosas son la rosa;
               Plenaria esencial universal.


   La abstracción de lo anecdótico, circunstancial, contingente, que notamos en Salinas, llega en Guillén al límite más apurado. Su poesía es eminentemente objetiva, pero los objetos, las cosas se nos ofrecen sólo en geométrico escorzo, en puro perfil. Es una poesía de desnudez total, vaciada en formas de aristas diamantinas, con luz de cima, como el aire en los cuadros de Velázquez o como el paisaje sin accidentes de la meseta castellana.
   Guillén cultiva los metros clásicos - la décima, con menos frecuencia el soneto-, pero, sobre todo, la estrofa de cuatro versos heptasílabos con rima asonante. La rigidez métrica, la limitación estrófica frenan la frase, que no es discursiva, como la de Salinas, sino que se reduce concisamente a sus elementos sustantivos. En efecto, la abundancia del nombre, en especial del nombre abstracto, y del adjetivo sustantivado -"lo uno, lo claro, lo intacto"-, la escasez del verbo (la palabra temporal por definición: en alemán, Zeitwort), son el instrumento exacto del mundo estático, esencial, absoluto que expresan, producen una sintaxis "mínima y justa, construcción con bloques yuxtapuestos, sin argamasa, como la del dos veces milenario acueducto de Segovia" (Amado Alonso).
   En 1957, el autor de Cántico, cuyas últimas ediciones ya llevaban el significativo subtitulo Fe de vida, publica el primer volumen de Clamor: Maremágnum, al que siguen... Que van a dar en la mar y A la altura de las circunstancias. Los títulos son sobremanera expresivos del cambio sufrido por el poeta. De la entusiasmada contemplación del cosmos se pasa al lamento ante un mudo que ahora es maremágnum, caos, el mundo contemporáneo con su secuela de angustias y miserias. Del "absoluto presente" nos trasladamos a la "circunstancia" del tiempo histórico y del tiempo de la vida, de lo esencial a lo existencial, Guillén toma dolorosa conciencia de la humana temporalidad, de la muerte -el mar en que van a dar los ríos, de Jorge Manrique-, de las imperfecciones de este mundo, contra las que intenta rebelarse patética, inútilmente, desilusionado de su inicial optimismo.




DESNUDO


Blancos, rosas... Azules casi en veta,
          retraídos, mentales.
Puntos de luz latente dan señales
          de una sombra secreta.
Pero el dolor, infiel a la penumbra,
          se consolida en masa.
Yacente en el verano de la casa,
          una forma se alumbra.
Claridad aguzada entre perfiles,
          de tan puros tranquilos
que cortan y aniquilan con sus filos
          las confusiones viles.
Desnuda está la carne. Su evidencia
          se resuelve en reposo.
Monotonía justa: prodigioso
          colmo de la presencia.
¡Plenitud inmediata, sin ambiente,
          del cuerpo femenino!
Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino?
          ¡Oh absoluto presente!


JORGE GUILLÉN ("Cántico").-

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927









PEDRO SALINAS



      El tema central en la poesía de Salinas es el amor. Es, como Garcilaso en el siglo XVI, Bécquer en el XIX o Aleixandre en el XX, uno de los grandes poetas amorosos de la literatura española. Salinas trata el tema de modo conceptual: Razón de amor que canta "el dulce cuerpo pensado" de la amada. Se ha dicho que ésta es una "lírica del vocativo". El poeta no sólo canta a la amada, sino para ella y por ella: La voz a ti debida. Mas, ese tú, a la vez que plenamente personal, es, antes que el correlato del yo, la creación de éste, su conciencia o concepto, el necesario término relativo de la actividad mental del amante. Poesía, pues, del tú pero también, y sobre todo, del yo: idealismo y relativismo poéticos, visión subjetiva de las cosas en mí, en el sujeto pensante. Ese tú es un tú real, de carne y hueso, de cuerpo y alma; pero su realidad física nos escapa, porque queda abstraída en la pura señal del pronombre:



                    Para vivir no quiero
                    islas, palacios, torres.
                    ¡Qué alegría más alta:
                    vivir en los pronombres!



      La realidad material, el universo en torno, visto siempre en función de la amada, iluminado por el amor, pierde sus atributos contingentes, es sometido a una desrrealización irónica, a la manipulación ingeniosa de un conceptismo que gusta de la contradicción, del contraste entre el sí y el no, del juego de las oposiciones: Seguro azar. Lo que el poeta persigue, a través de lo concreto, de lo anecdótico, de la realidad cotidiana, no es ella misma, sino otra "más alta", una "trasrealidad" simbólica. De ahí el frecuente uso de negaciones y de precisiones de matiz. La lírica de Salinas es una psicología del amor que en su riqueza, en su finura de análisis, recuerda a Proust. y que culmina en una metafísica poética. En esta obra hay, como reza uno de sus títulos, Fábula y signo. Signo, porque la anécdota se articula en un coherente y significativo sistema. Fábula, porque esta poesía dice y habla con contención emotiva, sí, pero con efusiva fluidez. El  rasgo externo de esta jubilosa, amorosa influencia es la sucesión de versos, libres de la construcción estrófica, de la rigidez del metro y la rima, versos generalmente de arte menor, asonantes o blancos, que dan a esta poesía inconfundible flexibilidad.



UNDERWOOD GIRLS


Quietas, dormidas están,
las treinta redondas blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco en blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras sin sentido,
ese, zeda, jota, i...


PEDRO SALINAS ("Fábula y signo").-
           




JOSÉ MORENO VILLA












DESPUÉS DE TODO ERAS TÚ LO QUE YO BUSCABA



En las letras de un cantoral,
entre la retama y el jacinto serrano,
en el ancho mar, en la taberna inquieta,
en el fondo de la copa verde,
después de todo eras tú lo que yo buscaba.
Pregunté muchas veces a las guías turísticas
dónde suspira el lugarejo ignorado por la epopeya;
pregunté a los filósofos por la llave del secreto;
fui devorando pregunta a pregunta mi vida,
y después de todo resultas tú lo que yo buscaba.
Pude leerlo en mil detalles:
verte y enmudecer,
verte y olvidarme del mundo,
verte y hablar luego por las calles solitarias,
verte y sentir el cuerpo,
verte y huir hacia los confines de mí mismo.
Desmadejado y alma en pena,
imaginé que lo mejor era llorar en los ocasos,
leer los libros místicos
y contribuir a la redención de los débiles.
Y en todo, en todo, en absolutamente todo
no había más que la busca de tu persona.
Sí, después de todo eras tú la búsqueda.
Y aquí declino ya todo examen y toda crítica.
Tú, con tu maravilloso complemento rubio a mi color de 
bronce.


JOSÉ MORENO VILLA ("Puentes que no acaban").-

miércoles, 1 de febrero de 2017

ALICIA VALENZUELA GUERRERO






EN MI AUSENCIA


Las aguas del olvido huelen negro,
la peña más cruda de la ribera grita de nuevo,
y mi mente pasea por ella sin yo saberlo.

Mis brazos gritan débil.
Mis muñecas gritan débil.
Mis rodillas gritan débil.
Mis pupilas gritan débil.
Mis ojos gritan débil...
Y mi cuerpo se desploma sin yo saberlo.


ALICIA VALENZUELA GUERRERO ("PÉTALOS DE SAL").-

TERESA ARIZA








LETARGO


Todo duerme. Descansa. Ralentiza, 
diciembre, ritmo herido de las horas
adornadas de mustios amarillos,
tapizadas de barro y hojas muertas.
Blancura nívea de las altas cumbres,
coronadas de nubes azarosas
vestidas con su gris bata de cola,
que derraman en lluvia sus volantes,
fieros volantes de la pena negra,
campeando en los huertos, en los surcos,
como un túnel alado que me acosa.
Letargo de los bosques, de la savia,
de la sangre dormida en la tronera,
de los ojos cerrados en la espera.

Y yo espero,

con la paciencia gris del calendario
que regrese y que triunfe la ternura,
la claridad, el calor, el viento amigo,
que se arranquen los campos el sudario,
que se cubran de verde las praderas
y revivir en ti cualquier mañana.

Ver mudarse la nieve en agua clara
y que una vez vencida la nevada,
del corazón helado y persistente
pueda yo presenciar -bendita suerte-
la visión de una joven primavera
habitando en tu risa y en tu frente.


TERESA ARIZA ("Con la misma piedra").-