DISPERSIONES

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sábado, 4 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927






JORGE GUILLÉN


      Toda la poesía de Guillén, hasta 1950, es un Cántico al cosmos -"El mundo está bien hecho"- y a la dicha de ser:


               Ser. Nada más. Y basta.
               Es la absoluta dicha.



      Si por su rigor ontológico y por la perfección clásica que lo expresa, Guillén se relaciona con Paul Valéry, por su elementalidad y su optimismo vital recuerda, como señaló Salinas, a Walt Whitman. Para Guillén, que no cree en el pecado original, el paraíso terrenal está en esta vida, que es contemplada no como camino para la otra, sino como "absoluto presente". En este universo, ajeno al curso del tiempo, inmutable, esencial y perfecto, como el de Parménides o el de Leibniz, las realidades inmediatas son mera representación de lo uno esencial:


               ¡Oh concentración prodigiosa!
               Todas las rosas son la rosa;
               Plenaria esencial universal.


   La abstracción de lo anecdótico, circunstancial, contingente, que notamos en Salinas, llega en Guillén al límite más apurado. Su poesía es eminentemente objetiva, pero los objetos, las cosas se nos ofrecen sólo en geométrico escorzo, en puro perfil. Es una poesía de desnudez total, vaciada en formas de aristas diamantinas, con luz de cima, como el aire en los cuadros de Velázquez o como el paisaje sin accidentes de la meseta castellana.
   Guillén cultiva los metros clásicos - la décima, con menos frecuencia el soneto-, pero, sobre todo, la estrofa de cuatro versos heptasílabos con rima asonante. La rigidez métrica, la limitación estrófica frenan la frase, que no es discursiva, como la de Salinas, sino que se reduce concisamente a sus elementos sustantivos. En efecto, la abundancia del nombre, en especial del nombre abstracto, y del adjetivo sustantivado -"lo uno, lo claro, lo intacto"-, la escasez del verbo (la palabra temporal por definición: en alemán, Zeitwort), son el instrumento exacto del mundo estático, esencial, absoluto que expresan, producen una sintaxis "mínima y justa, construcción con bloques yuxtapuestos, sin argamasa, como la del dos veces milenario acueducto de Segovia" (Amado Alonso).
   En 1957, el autor de Cántico, cuyas últimas ediciones ya llevaban el significativo subtitulo Fe de vida, publica el primer volumen de Clamor: Maremágnum, al que siguen... Que van a dar en la mar y A la altura de las circunstancias. Los títulos son sobremanera expresivos del cambio sufrido por el poeta. De la entusiasmada contemplación del cosmos se pasa al lamento ante un mudo que ahora es maremágnum, caos, el mundo contemporáneo con su secuela de angustias y miserias. Del "absoluto presente" nos trasladamos a la "circunstancia" del tiempo histórico y del tiempo de la vida, de lo esencial a lo existencial, Guillén toma dolorosa conciencia de la humana temporalidad, de la muerte -el mar en que van a dar los ríos, de Jorge Manrique-, de las imperfecciones de este mundo, contra las que intenta rebelarse patética, inútilmente, desilusionado de su inicial optimismo.




DESNUDO


Blancos, rosas... Azules casi en veta,
          retraídos, mentales.
Puntos de luz latente dan señales
          de una sombra secreta.
Pero el dolor, infiel a la penumbra,
          se consolida en masa.
Yacente en el verano de la casa,
          una forma se alumbra.
Claridad aguzada entre perfiles,
          de tan puros tranquilos
que cortan y aniquilan con sus filos
          las confusiones viles.
Desnuda está la carne. Su evidencia
          se resuelve en reposo.
Monotonía justa: prodigioso
          colmo de la presencia.
¡Plenitud inmediata, sin ambiente,
          del cuerpo femenino!
Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino?
          ¡Oh absoluto presente!


JORGE GUILLÉN ("Cántico").-