DISPERSIONES

DISPERSIONES

viernes, 14 de abril de 2017

JUAN JOSÉ CUENCA

 
 
      Hola a todos!!!!
 
      Hoy voy a empezar con un fragmento de mi poemario LA MIRADA FINGIDA, un poemario muy especial, ya que cuenta, a grandes rasgos, etapas muy importantes en mi vida. Es, por lo tanto, totalmente autobiográfico.
      Como no todo va a ser poner poemas de los demás, vamos a comenzar por ir colgando alguno de los  míos, pero muy poquito a poco...
      Pasad un buen día lleno de poesía.
 
 






 
 
LA MIRADA FINGIDA
 
 
 
                                       IV
 
 
 
Los años se vuelven aliados,
y aunque hube de esconderme
no he logrado separar siquiera una noche entera
de estos días tristes,
no podría haber logrado nunca sollozar con el corazón
lleno,
no podría haber logrado un soplo,
no podría abandonarme a un soplo
ni a un vicio que pueda azotarnos,
que pueda abarcar si prisa toda la
piel.
 
Pasaron raudos aquellos locos momentos, Ana
volvió a pasar raudo este momento
loco
y no he querido reunir todos los labios
que te han nombrado, que te han desvestido,
porque nada parece ya lo que era,
y es cierto pero lejano,
y emerge tras la cortina de tu empeño
y nunca llega,
como un ave en el aliento último;
y recorro esta acera de baches livianos,
tocando cada una de las líneas abiertas
sobre el ombligo de tu descontento que
nunca viaja sólo,
y me apresuro acompañándome a mí mismo,
o lo intento,
o quiero,
balbuceando un verso para abrirlo contigo,
sin sentirlo contigo,
sin herirlo con estas palabras toscas,
y me elevo fingido
sobre esta cumbre rota de la memoria
que busca perderse un poco,
que busca amanecer y despojos
mientras me apresuro conteniendo
mi prisa de los lunes,
mi desidia calmada,
el goce,
y descubro basta y locamente erguida
la pereza que otras personas escupen envenenando
todo corazón
y la miman,
blandiendo media sonrisa sobre la mesita de noche
para adormecerla sinceramente,
porque envidian acaso un tenue aleteo,
un aleteo níveo de tus párpados precoces,
y corren despavoridos y rechinan dientes y huesos
y la visten de cuando en cuando de indiferencia;
pero he descubierto, muy tardamente descubierto,
que me encuentro desnudo,
que me levanto y me agazapo por inercia
detrás del cónclave de lunares en tu hombro,
que aviva el sueño y huele un poquito a cena,
que aviva el hambre,
que aviva mi hambre
dejándome solo pellejo y sombra.
 
...//...
 
 
JUAN JOSÉ CUENCA LÓPEZ ("La mirada fingida").-