DISPERSIONES

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viernes, 10 de febrero de 2017

ANTOLOGÍA DEL GRUPO POÉTICO DE 1927







VICENTE ALEIXANDRE




      Aleixandre -escribe Bousoño- "hace de la solidaridad amorosa con el cosmos y el hombre el centro de su actividad literaria". La fórmula surrealista, de la cual parte -Espadas como labios, Pasión de la tierra- alcanza su plenitud en La destrucción o el amor. Con justicia, afirma Cernuda: "El superrealismo francés obtiene con Aleixandre en España lo que no obtuvo en si tierra de origen: un gran poeta".
      La destrucción o el amor (1935) es un canto total a la naturaleza, a su despliegue de fuerzas y al anhelo por llegar, a través del amor, quebrantando nuestra radical soledad, a la comunión pánica en el seno del universo. El sentido de este libro, doloroso y violento, se completa con el siguiente: Sombra del paraíso (1944), menos encrespado de forma, pero idéntico en sustancia. Fijémonos en el título: Aleixandre no canta el mundo "bien hecho" de Jorge Guillén, el paraíso terrenal en esta vida, ya que persiste en la visión panteísta de La destrucción o el amor, y no hay edén si antes no se consuma nuestra aniquilación. Canta la nostalgia de un reino paradisíaco que lo mismo puede ser posterior a la muerte que anterior al nacimiento del hombre: "¡Humano: nunca nazcas!" Este verso traduce el pesimismo de Aleixandre, que no cree en ninguna "bondad natural" del hombre. Los seres representativos de este poeta son los animales, como símbolos de vida próxima a la naturaleza, como encarnaciones de su poderío. De ahí la copiosa fauna que aparece en los dos libros de que tratamos. Ambos muestran una apretada estructura, una sistemática concepción del mundo.
      Historia del corazón (1945) señala un cambio de perspectiva en el autor, que evoluciona sin romper con su precedente postura. Ahora la atención del poeta se centra en el hombre, no ya como individuo aislado, sino como miembro de lo comunal, como elemento solidario "en un vasto dominio", según reza el título de su libro siguiente y la significativa cita de Goethe que lo encabeza: "Sólo todos los hombres viven lo humano". A través del nuevo enfoque reconocemos al mismo poeta de siempre, su coherencia de pensamiento.
      Aleixandre es un maestro del verso libre, forma que maneja con pujante originalidad en La Destrucción o el amor, y que eleva a una belleza "clásica" desde Sombra del paraíso.
      Esta poesía se nos ofrece, así, como un gran panorama de cerrada perfección. Centrada primero en el cosmos y más tarde en el hombre, nos proyecta sobre la doble aventura de la existencia: el gran misterio universal y el pequeño gran misterio del corazón humano; recorre el macrocosmos y el microcosmos, lo exterior y lo íntimo; es poesía metafísica y poesía ética. Ningún poeta ha ejercido más influencia que Aleixandre en la generación posterior a 1939.




TORO


   Esa mentira o casta.
Aquí, mastines, pronto; paloma, vuela; salta, toro,
toro de luna o miel que no despega.
Aquí, pronto; escapad, escapad; sólo quiero,
sólo quiero los bordes de la lucha.

   Oh tú, toro hermosísimo, piel sorprendida,
ciega suavidad como un mar hacia adentro,
quietud, caricia, toro, toro de cien poderes,
frente a un bosque parado de espanto al borde.

   Toro o mundo que no,
que no muge. Silencio;
vastedad de esta hora. Cuerno o cielo ostentoso,
toro negro que aguanta caricia, seda, mano.

   Ternura delicada sobre una piel de mar,
mar brillante y caliente, anca pujante y dulce,
abandono asombroso del bulto que deshace
sus fuerzas casi cósmicas como leche de estrellas.

Mano inmensa que cubre celeste toro en tierra.



VICENTE ALEIXANDRE ("Espadas como labios").-