DISPERSIONES

DISPERSIONES

martes, 10 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA










RAFAEL ARÉVALO MARTÍNEZ



SENSACIÓN DE UN DOLOR



   ¡Oh de los rostros sabios que he llevado a mis labios
                              como vinos traidores!
Las mujeres sencillas que senté en mis rodillas como
                              ramos de flores.
   Y sobre todo una de cabellera bruna, que parecía flor,
y que dejó en mi vida la vaga, la diluida sensación de
                              un dolor.
   Sus ojos de diamante tenían la inquietante mirada
                              del no ser,
y me dio la más fuerte sensación de la muerte que me
                              dio una mujer
y la más encendida sensación de la vida que he podido
                              tener.



RAFAEL ARÉVALO MARTÍNEZ (1884-1922).-

lunes, 9 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA








RICARDO MIRÓ



LAS GARZAS


   En el cielo velado de improviso,
la banda fugitiva se diseña...
(Tal mi vida: crepúsculo indeciso,
donde entre un fondo de dolor, diviso
alejarse a una tímida cigüeña...).
   Míralas... Su fatal melancolía
se disuelve en el raso de los cielos,
y al verlas agitarse se diría
que son como fantásticos pañuelos
con que al morir nos dice adiós el día.
   Las garzas me enamoran... Son lo que huye,
lo intocado, que vuela y se evapora;
y como tras su marcha soñadora
un cansancio infinito se diluye,
el vuelo de las garzas me enamora...
   En los lagos dormidos entre brumas,
cuando abre sus párpados la Aurora,
bajo la nieve casta de sus plumas
son el alma de luz de las espumas
y su blancor entonces me enamora...
   Por no sé qué lejano simbolismo
sobre el escombro que el verdín colora,
la garza, pensativa rememora
el alma misteriosa del mutismo
y entonces su silencio me enamora...
   Cuando, al morir la tarde, se derraman
mientras el sol el infinito dora,
recuerda la bandada voladora
los sueños de las vírgenes que aman
y su inquietud entonces me enamora...
   Las garzas me enloquecen... Su blancura,
su mudez, el dolor que las aqueja,
me empujan a quererlas con ternura...
Yo tengo la infinita desventura
de amar lo que se va, lo que se aleja...
   Pero yo amo las garzas porque existe
un amable recuerdo en mi memoria...
Es el tuyo: tú fuiste blanca y triste,
y volando, en silencio, te perdiste
en el cielo sin nubes de mi historia.


RICARDO MIRÓ (1883-1940).-

CICLO POESÍA MODERNISTA






LUIS CARLOS LÓPEZ 



NOCHE DE PUEBLO


   Noche de pueblo tropical: las horas,
lentas y graves. Viene la oración
y después, cuando rezan las señoras,
la musical cerrada de portón...
   Se oye de pronto, como un disparate,
los chonclos de una gañán... Y en el sopor
de las cosas, ¡qué olor a chocolate
y queso, a pan de yuca y alcanfor!...
   De lejos y a la sombra clandestina
de las cosas, ¡qué olor a chocolate
le ofrece una retreta a una pollina,
tocando amablemente su acordeón!...
   Tan sólo el boticario, mi vecino,
vela impasible tras el mostrador,
para vender -con gesto sibilino-
dos centavos de aceite de castor.
   Mientras, la luna, desde el hondo arcano,
calca la Iglesia... En el azul plafón,
la luna tumefacta es como un grano,
y la Iglesia un enorme biberón.

LUIS CARLOS LÓPEZ (1883-1950).-

CICLO POESÍA MODERNISTA








EVARISTO CARRIEGO



EN EL CAFÉ


   Desde hace una semana falta ese parroquiano
que tiene la mirada tan llena de tristeza, 
y que todas las noches, sentado junto al piano
bebe, invariablemente, su vaso de cerveza
   y fuma su cigarro... Que silenciosamente
contempla a la pianista que agota un repertorio
plebeyo, agradeciendo con aire indiferente
la admiración ruidosa del modesto auditorio.
   Hace ya cinco noches que no ocupa su mesa,
y en el café su ausencia se nota con sorpresa.
¡Es raro, cinco noches... y sin aparecer!
   Entre los habituales hay algún indiscreto
que asegura a los otros, en tono de secreto,
que hoy está la pianista más pálida que ayer.


EVARISTO CARRIEGO (1883-1912).-

sábado, 7 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA











VÍCTOR DOMINGO SILVA




LA GRINGUITA (fragmento)



   ¡Güeno que era relinda la gringuita,
la hija mayor de mi patrón don Otto!
Hilada de nombre, y por cariño Lita.
¡Rubiecita, señor, y más bonita!...
¡Entuavía recuerdo el alboroto
que producía en la galláa e la hacienda
verla pasar, encabritando el pingo,
una mano en la huasca, otra en la rienda,
chaqueta larga y pantalón de gringo!
   Era más de a caballo
que cualquiera e nosotros, y en la vara
ni el más pintao le paraba gallo.
¡Y cuidao con que alguien le faltara!
Una ocasión, por no sé diablura,
          a un patre santiaguino
se le fue al bulto, y sin perder el tino,
lo sacó limpiecito'e la montura.
   Toititos la queríamos, ¡por ésta!
Más de menos la echábamos que el vino
en los días de fiesta.
   Sonaba la vigüela
y el acordeón. Y al tiro, una toná y otra,
de esas del tiempo de mi agüela,
con más malicia que una limonáa,
y con más sal y ajo que una cazuela;
          y venía la ronda
de copas, en honor de la Gringuita,
que era pa lo que es trago
          como tiráa con honda.
(¿Por qué extrañarse? Ella era señorita
y seguía las moas de Santiago).
   ¡Después, quién dijo mieo!
Que venga una deca y otro medio deca...
Es una gallina el que se l'entra el habla...
Y al compás del punteao y del rajeo
sacaba a relucir la zamacueca
sus remolinos de chiquilla diabla,
y sacarse los guantes,
y apretarse la cinebra,
y alzarse pa arriba los tirantes,
¡porque aquí viene la de pata en quinebra!


VÍCTOR DOMINGO SILVA (1882-1960).-

viernes, 6 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA









JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



DESNUDOS


      Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba,
bajo la mano blanca, en el piano de ella...
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,
morena de la luna, era tres veces bella.
      Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón, y acaso llorábamos sin vernos...
Cada nota encendía una herida de amores...
-...El dulce piano intentaba comprendernos-.
      Por el balcón abierto a brumas estrelladas,
venía un viento triste de mundos invisibles...
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles...


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958).-

jueves, 5 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA









RAMÓN PÉREZ DE AYALA



LA DULCE HELENA (fragmento)




"Si dos minutos loa existencia
ha de durar, según Voltaire,
brindemos uno a la sapiencia,
y antes demos otro al placer.
¡Bebe esta copa rebosante
de beso y lumbre y de reír,
y colma este vaso tremante
donde se cuaja el porvenir!"
Así dijiste, triste Helena,
con propiciatorio ademán;
en la tostada cara morena,
los dientes de miga de pan.
Y dije: "Suprime artificios
de Venus precaria y servil.
No es igual placeres que vicios,
ni es la sal de lo noble lo vil.
Tu gracia lasciva de hetera
no inspira venusto furor,
ni tu cuerpo sutil de pantera.
Eso era en un tiempo mejor,
cuando, insaciable adolescente,
vi la corona en el laurel,
una Aganipe en cada fuente
y un Pegaso en cada corcel.
Ahora, advierto en la frase horaciana,
de la cicuta el amargor.
De las cosechas del mañana
yo mismo seré el sembrador..
No bogo en la barca festiva
que hacia Citeres surca el mar.
Labro en mi huerto piedra viva
para sillares del hogar.
¿No has comprendido, dulce Helena,
que tengo en el huerto una flor,
una flor blanca, una azucena,
futuro cáliz de mi amor?
Y, si es tan breve la existencia
como dices, citando a Voltaire,
para mí es hora de sapiencia,
ya que harto he vivido el placer".
Dije, pero Helena, capciosa
en su blanco desnudo fatal,
lloró, la pupila mimosa
como temblando en un fanal.
Sus brazos, marmórea guirnalda
tibia y sensual, me asieron, y
ardió en sus ojos de esmeralda
una infinita luz. Cedí.
Cerré mis ojos al encanto,
y al pensar, entre mí: "la última vez"
vi una azucena tinta en llanto
de sangre ¡Oh, siniestra rojez!



RAMÓN PÉREZ DE AYALA (1881-1962).-



martes, 3 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA











GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA




DE LA CASA EMBRUJADA (fragmento)



¿Quién vivirá en la casa que fue nuestra?
Acaso una familia
burguesa: un padre grave,
una madre dolida
por muchos años de vivir sin sueños,
dos o tres muchachitas
de las que rezan, bordan , se componen,
se asoman al balcón, pasan la vida
aguardando a ese novio que no llega,
con el alma dormida
entre el tedio y la frívola esperanza
de un moño o de una cinta.
¡Qué largos y con qué color de tierra
deben pasar los días
sobre los corazones no embrujados
por la fragante sinrazón divina,
por la música del claro de luna,
por el fuego del sol a mediodía,
por el perfume de las flores nuevas,
por la inquietud sonora de la rima...!
¡Ay, corazones malaventurados!
¡Ay, almas sin espina
de soñado imposible! ¡Ay, aguas muertas,
vidas sin flor de pena ni gloria!


GREGORIO MARTÍNEZ SIERRA (1881-1947).-

lunes, 2 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA









FRANZ TAMAYO



BALADA DE CLARIBEL



En la desolada tarde,
      Claribel,
al clarol de un sol que no arde,
      Claribel,
me vuelve el amante alarde,
      Claribel,
aunque todo dice: "Es tarde,
      Claribel".
Lleva en sus alas el viento,
      Claribel,
tu nombre como un lamento,
      Claribel,
y en vano mis ansias siento
volar tras aquel concento,
      Claribel.
Voz con que pía la ausencia,
      Claribel,
saudade, canora esencia,
      Claribel.
¡Añoranza, transparencia
que la ausencia hace presencia,
      Claribel!
Mar profundo y albo monte,
      Claribel,
¿es posible que tramonte
      Claribel
tras el húmedo horizonte,
y que las nieves remonte
      Claribel?
El tiempo es por siempre ido,
      Claribel,
y eres quizá todo olvido,
      Claribel;
¡Mas yo, iluso descreído,
aún pienso que me has querido,
      Claribel!
El pan amargo en que muerdo,
      Claribel,
hecho está de tu recuerdo,
      Claribel.
Y el pasado nada acuerdo:
es un sueño en que me pierdo,
      Claribel.
¡Oh mañana azul y rosa,
      Claribel,
en que te vi mariposa,
      Claribel!
Reina y mujer, niña y diosa,
oro, nácar, nieve y rosa,
      Claribel.
Cantaba en el aire un ave:
      "Claribel",
suave cual la suave
      Claribel.
Y unía el plumado clave
dulce risa y lloro grave:
      ¡Claribel!
¡Una música escondida,
      Claribel,
eres por siempre en mi vida,
      Claribel!
Maná de mi eterna herida,
leche rosa y luz florida,
      Claribel.
Vierte mi labio un perfume:
      Claribel,
musgo y clavel que resume
      Claribel.
¡Mirra que eterna sahume,
óleo que no se consume,
      Claribel!
De un nigromante el compás,
      Claribel,
trazó en mi alma: "Nunca más
      Claribel".
¡Y así a mis ojos jamás
como el alba volverás,
      Claribel!



FRANZ TAMAYO (1880-1956).-

domingo, 1 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA











EMILIO CARRERE



VOCES DE AGORERÍA



¡Toda la noche, toda la noche, como una incierta
voz angustiosa del más allá;
toda la noche, toda la noches, junto a la puerta
un perro negro llorando está!
¿Qué sombra pasa...? ¿Qué sombra mata los reverberos
en las desiertas calles, henchidas de hondas angustias?
¡No la ve nadie...! Pero a su paso por los senderos
crujen macabras las hojas mustias.
Toda la noche, los campanarios, en el profundo
silencio, tañen sus fantasmales voces lejanas;
toda la noche, como un gemido del otro mundo,
llena los vientos el De profundis de las campanas.
¿Qué reloj negro canta las horas, mientras las vidas,
¡las más floridas!, se desmoronan en los osarios?
¿Qué brujas negras, qué brujas negras y contorcidas
son las que tañen la extraña orquesta de campanarios?
Toda la noche, brilla en la muerta calleja umbría
de una ventana la luz incierta.
Toda la noche, con sus lamentos de agorería,
estuvo un perro junto a la puerta.
¡Era tan rubia! Yo la  veía tras los cristales
de esa ventana por donde cruzan sombras llorosas.
¡Era tan blanca! Luego vinieron las otoñales
noches que mustian todas las rosas.
¡Toda la noche gimen los negros perros errantes!...
¡Oh pobre virgen, muerta en aroma de juventud!
¡Luego vinieron dos hombres negros y alucinantes
trayendo en hombros un ataúd!



EMILIO CARRERE (1880-1947).-

sábado, 31 de diciembre de 2016

POEMA DE NAVIDAD


Hola a tod@s!!

Con este poema muy acorde con los días que estamos viviendo (y nos quedan por vivir), despedimos este año 2016. Espero que el 2017 os traiga todo lo bueno que necesitéis y que la poesía esté siempre en vuestras vidas. Espero de corazón que hayáis disfrutado con esta humilde aportación en mi Blog. Comenzaremos el año con más fuerza, si cabe.

Sed felices...








LOS TRES REYES MAGOS


–Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.

Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

–Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo. 

Existe Dios. El es la luz del día.
¡La blanca flor tiene sus pies en lodo
y en el placer hay la melancolía!

–Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro 

que existe Dios. El es el grande y fuerte. 
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

–Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos. 

Triunfa el amor, ya su fiesta os convida. 
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!


RUBÉN DARÍO.-


CICLO POESÍA MODERNISTA










PORFIRIO BARBA-JACOB
(Seudónimo de Miguel Angel Osorio)




CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA


Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día...
un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!


PORFIRIO BARBA-JACOB (1880-1942).-

viernes, 30 de diciembre de 2016

CICLO POESÍA MODERNISTA







CARLOS PEZOA VÉLIZ



NADA



Era un pobre diablo que siempre venía
cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,
siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!
Un día de invierno lo encontraron muerto,
dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
varios cazadores que con sus lebreles
cantando marchaban... Entre sus papeles
no encontraron nada... Los jueces de turno
hicieron preguntas al guardián nocturno:
éste no sabía nada del extinto;
ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.
Una chica dijo que sería un loco
o algún vagabundo que comía poco,
y un chusco que oía las conversaciones
se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!
Una paletada le echó el panteonero;
luego lió un cigarro, se caló el sombrero
y emprendió la vuelta... ¡Tras la paletada,
nadie dijo nada, nadie dijo nada!...


CARLOS PEZOA VÉLIZ (1879-1908).-

miércoles, 28 de diciembre de 2016

CICLO POESÍA MODERNISTA









EDUARDO MARQUINA




SE PINTA EL MAR



La tierra es toda vida,
y el mar es todo amor.
En el mar hay escondida
una fuerza más grande que la vida:
la tierra es criatura, y el mar es creador.
Todo el mar es misterio resonante
y palabra inicial:
nada hay a espaldas de él, nada hay delante;
el mar es una eternidad constante
y un movimiento en lo inmortal.
Escapa al pertinaz conocimiento
y prolonga en fantasmas la visión;
el mar es elemento,
hermano del pensamiento
y lecho azul de la imaginación.
Las mujeres suspiran
cuando en la tarde miran
la gran fatiga, hecha pasión, del mar;
toda mujer quisiera,
en una noche encapotada y fiera,
estarse a solas abrazando al mar.
Los marineros de canosa frente,
estatuas que ha esculpida su garra omnipotente,
pasan como hombres tipos a la orilla del mar:
llevan en sus pupilas el misterio
y tienen un hablar de magisterio,
mamado en su nodriza, la recia tempestad.
A las mozas alegres de la costa,
cuando más lindas van, se les agota
en sólo un día toda su beldad:
prometidas tal vez a un fiero esposo,
pierden en un abrazo misterioso,
como la tierra en junio, toda su majestad.
Los barrios, junto al mar, de pescadores,
son hornos de fantásticas mentiras,
cunas de unos deseos buscadores
que se echan a volar, emprendedores
renuevos de la tierra, en arriesgadas jiras.
Las noches, en las casas marineras,
vienen con aparatos de quimeras,
poniendo luces rojas en todas las ventanas;
detrás de los cristales arden unas pupilas,
espiando las sombras intranquilas
y en atisbo de barcas lejanas.
Entre las rocas de la costa alzada
se oye un extraño hablar, de madrugada,
de gentes que en la noche vigilaron;
las barcas, animadas de un deseo,
tienen un misterioso balanceo,
y nunca se están quietas en donde las dejaron.
Las casas de los pueblos marineros
abren todas al mar sus agujeros:
rejas y puertas y ventanas,
toda la vida, de la mar esperan;
al monte sólo irán cuando se mueran, 
al quieto cementerio de las tapias enanas.
¡Oh mar! ¡Oh extraño mar! ¡Oh gran misterio!
¡Oh! ¡No saben tus gentes el imperio
que ejerces en sus almas!
Tú has sabido, a través de las edades,
garantir con tus altas tempestades
la majestad suprema de tus calmas.
¡Santo mar, fuerza nueva, agua querida,
adobo espiritual de nuestra vida,
campo siempre fecundo a la mirada!
¡Sólo tú, cuando un ansia la enajena,
pones la gracia de una paz serena
en la pupila fácil de la Amada!


EDUARDO MARQUINA (1879-1946).-

CICLO POESÍA MODERNISTA










HORACIO QUIROGA




EL JAGUAR TRISTE



La campana toca a muerto
en las largas avenidas,
y las largas avenidas
despiertan cosas de muerto.
De los manzanos del huerto
penden nucas de suicidas,
y hay sangre de las heridas
de un perro que huye del huerto.
En el pabellón desierto
están las violas dormidas;
¡las violas están dormidas
en el pabellón desierto!
Y las violas, doloridas,
en el pabellón desierto,
donde canta el desacierto
sus victorias más cumplidas;
abren mis viejas heridas,
como campanas de muerto,
las viejas violas, dormidas,
en el pabellón desierto.


HORACIO QUIROGA (1878-1937).-