A borbotones amanece,
cuál pálidos chorros
de vino ahogado.
Indeleble es la siega
de las hojas en un murmullo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
DISPERSIONES
jueves, 27 de septiembre de 2012
Tras el peto se esconden
carnes sentadas junto al porche,
abriles eternos,
anquilosados vaivenes de sal
que pueblan tus caderas
estrechas,
aires que no encuentran rama
donde posarse,
donde estallar en suplicios
monótonos de arrugas venideras,
de huecos que se ensanchan
y miradas que se enturbian
atravesando canales de deseo,
riscos de aliento
y sudor evaporado,
con el cuello arqueado
hacia el fondo,
frágil,
como una crisálida de pensamiento.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
carnes sentadas junto al porche,
abriles eternos,
anquilosados vaivenes de sal
que pueblan tus caderas
estrechas,
aires que no encuentran rama
donde posarse,
donde estallar en suplicios
monótonos de arrugas venideras,
de huecos que se ensanchan
y miradas que se enturbian
atravesando canales de deseo,
riscos de aliento
y sudor evaporado,
con el cuello arqueado
hacia el fondo,
frágil,
como una crisálida de pensamiento.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
lunes, 24 de septiembre de 2012
Como terruñas salamanquesas
adheridas a la grieta
que penetra hasta el suelo
planean a bocajarro
cristales en el fango
salpicado de gárgolas
diminutas
mutaciones que corrigen
en los anversos de velas
rígidas como miembros
la ocasión de pintar
vides de papel
y meandros en las orillas
sublimes
acotadas en destierros
vaporosos y estertóreos
como aquel vuelo
amigo fiel de mis soledades.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
adheridas a la grieta
que penetra hasta el suelo
planean a bocajarro
cristales en el fango
salpicado de gárgolas
diminutas
mutaciones que corrigen
en los anversos de velas
rígidas como miembros
la ocasión de pintar
vides de papel
y meandros en las orillas
sublimes
acotadas en destierros
vaporosos y estertóreos
como aquel vuelo
amigo fiel de mis soledades.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Me honra saberte fiel
a las campanadas que brotan
entre estertores de niebla
alcalina
sin que el devenir pausado
de mis genitales locos
pugne por sacar demonios
de lengua avara
de trípodes que sujetan
labios de hueso
pómulos que rayan vísceras
que no me pertenecen
aún después de elogios
que naufragan en tintes
de coágulos esparcidos
en tierra de nadie
en praderas de tumulto
acallado
paralelo a cuevas que descienden
por mi garganta
a paso de desnudo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
a las campanadas que brotan
entre estertores de niebla
alcalina
sin que el devenir pausado
de mis genitales locos
pugne por sacar demonios
de lengua avara
de trípodes que sujetan
labios de hueso
pómulos que rayan vísceras
que no me pertenecen
aún después de elogios
que naufragan en tintes
de coágulos esparcidos
en tierra de nadie
en praderas de tumulto
acallado
paralelo a cuevas que descienden
por mi garganta
a paso de desnudo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
lunes, 17 de septiembre de 2012
Te perdiste
vagando entre semáforos de ansiedad,
entre aceras noctámbulas
y avasalladas.
Me viste cansado.
Yo murmuré tu nombre.
Recordé que anduve por calles
donde lloraban niños de pecho.
Crucé ventanas y puertas
amenazado por cantos de jilguero.
Vi macetas de donde pendían
flores de agasajo, enredaderas
multiformes atrapando la reja.
Olí a mar.
A montaña cercana y a mercado,
a gente sin piedad
que gemía en el rincón más oscuro.
Mis suelas están gastadas:
el asfalto su funde entre madejas
de césped y de jardines
y de edificios.
Tampoco te encontré,
plegada entre sollozos.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
vagando entre semáforos de ansiedad,
entre aceras noctámbulas
y avasalladas.
Me viste cansado.
Yo murmuré tu nombre.
Recordé que anduve por calles
donde lloraban niños de pecho.
Crucé ventanas y puertas
amenazado por cantos de jilguero.
Vi macetas de donde pendían
flores de agasajo, enredaderas
multiformes atrapando la reja.
Olí a mar.
A montaña cercana y a mercado,
a gente sin piedad
que gemía en el rincón más oscuro.
Mis suelas están gastadas:
el asfalto su funde entre madejas
de césped y de jardines
y de edificios.
Tampoco te encontré,
plegada entre sollozos.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
La vida es una fiera
audaz,
acorralada detrás de un muro
de concupiscencia.
Se la oye susurrar
por encima del fragor
de deseos ocultos,
de temores inciertos.
Se la pisa
ahondando el rencor
de presagios limpios,
oscuros.
¡Barre la sombra
la efigie de la llama!.
Todo queda yerto:
asolanados cuerpos
que derriten miel,
frases que evocan
límpidos canales
de presunción.
Más si defenderse
no fuera necesario,
habría que morir
apartando dentelladas.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
audaz,
acorralada detrás de un muro
de concupiscencia.
Se la oye susurrar
por encima del fragor
de deseos ocultos,
de temores inciertos.
Se la pisa
ahondando el rencor
de presagios limpios,
oscuros.
¡Barre la sombra
la efigie de la llama!.
Todo queda yerto:
asolanados cuerpos
que derriten miel,
frases que evocan
límpidos canales
de presunción.
Más si defenderse
no fuera necesario,
habría que morir
apartando dentelladas.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
sábado, 15 de septiembre de 2012
Bromeabas,
saltando sobre la arena lívida
de reflejos,
atusando el cansancio de tus dedos
silíceos,
vomitando miradas que oscurecen
a cada paso.
Te estrellaste en el saliente
de mi pecho a intervalo,
despojándote de ropas húmedas
como la escarcha,
de sentimientos, claro,
de flirteos ambiguos
y de atardeceres.
Te levantaste
sobre el codo
abrupto,
encallado en el pliegue de las piedras,
cerraste la boca,
los ojos, el oído,
y bromeaste...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
saltando sobre la arena lívida
de reflejos,
atusando el cansancio de tus dedos
silíceos,
vomitando miradas que oscurecen
a cada paso.
Te estrellaste en el saliente
de mi pecho a intervalo,
despojándote de ropas húmedas
como la escarcha,
de sentimientos, claro,
de flirteos ambiguos
y de atardeceres.
Te levantaste
sobre el codo
abrupto,
encallado en el pliegue de las piedras,
cerraste la boca,
los ojos, el oído,
y bromeaste...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Las voces suenan con descaro
expandiendo oleadas de azufre
apergaminado (sutil, a veces);
rodeado de ecos que elogian
sumisos tacones de mandrágora.
El pellejo se abre
desde el fondo.
Abriendo pasadizos que conducen
a ningún lado de alguna parte,
mascullando entre dientes salivas
ocres,
un fino beso descarado
otea tras el hombro.
No mereces que te diga
qué puede salvarte;
no la vale la pena sucumbirte
con sinuoso desparpajo
ni hablarte a solas
perdidos entre calles aciagas.
Tampoco me vendió
aquel lloro,
ni el sol ronco,
ni el sentido famélico.
Ni siquiera, ya ves,
el destartalado imperio de una sonrisa.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
expandiendo oleadas de azufre
apergaminado (sutil, a veces);
rodeado de ecos que elogian
sumisos tacones de mandrágora.
El pellejo se abre
desde el fondo.
Abriendo pasadizos que conducen
a ningún lado de alguna parte,
mascullando entre dientes salivas
ocres,
un fino beso descarado
otea tras el hombro.
No mereces que te diga
qué puede salvarte;
no la vale la pena sucumbirte
con sinuoso desparpajo
ni hablarte a solas
perdidos entre calles aciagas.
Tampoco me vendió
aquel lloro,
ni el sol ronco,
ni el sentido famélico.
Ni siquiera, ya ves,
el destartalado imperio de una sonrisa.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
martes, 11 de septiembre de 2012
Dulces bocanadas me emborrachan
de vientos perpetuos de azotea,
aquellos que castigan cornisas
de acero,
que mecen luego luces.
Las hojas bailan,
los ojos se cierran grises
como besos de otoño
detrás de un pupítre maltrecho.
Truena mi voz
afilada como espada
quebradiza:
ronca se me queda a solas
como piedra que rueda sobre el aspa.
Poco a poco descubrí el sendero
surcado de venas altivas
que llevaba a tu monte.
Igual que el mar descubre conchas
una a una,
lamiendo la arena.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
de vientos perpetuos de azotea,
aquellos que castigan cornisas
de acero,
que mecen luego luces.
Las hojas bailan,
los ojos se cierran grises
como besos de otoño
detrás de un pupítre maltrecho.
Truena mi voz
afilada como espada
quebradiza:
ronca se me queda a solas
como piedra que rueda sobre el aspa.
Poco a poco descubrí el sendero
surcado de venas altivas
que llevaba a tu monte.
Igual que el mar descubre conchas
una a una,
lamiendo la arena.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Has surgido breve,
insinuando detrás de paredes
de mármol
gaviotas que se desgañitan inertes.
Te has asomado a la ventana
pulcra que refleja pabilos consumidos
desde el codo,
ahondando entre pliegues de tabla.
Has vomitado canciones.
Has vitoreado verdades
que son lentas, escapada,
derramada en acequia.
Me diste cuasia amarga
para curar mis fiebres altas:
aquellas que vinieron, húmedas,
mientras te añoraba.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
insinuando detrás de paredes
de mármol
gaviotas que se desgañitan inertes.
Te has asomado a la ventana
pulcra que refleja pabilos consumidos
desde el codo,
ahondando entre pliegues de tabla.
Has vomitado canciones.
Has vitoreado verdades
que son lentas, escapada,
derramada en acequia.
Me diste cuasia amarga
para curar mis fiebres altas:
aquellas que vinieron, húmedas,
mientras te añoraba.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
sábado, 8 de septiembre de 2012
Estoy habitando
a media luz entre aristas
que agonizan camaleónicas.
Las vísceras son mi cuna.
Génesis de mi conciencia:
¿tan apartada y lejana te encuentras,
adormecida entre fustán,
que olvidaste para qué sirvió la gesta?.
Se marchita a raudales
tu risa entrecana;
apretado y quedo está el malvís
entre los árboles de la desidia.
Ayer ensoberbeciste
mi alma sin disimulo.
Atrás se perdió todo:
me quedé meciendo un columpio...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
a media luz entre aristas
que agonizan camaleónicas.
Las vísceras son mi cuna.
Génesis de mi conciencia:
¿tan apartada y lejana te encuentras,
adormecida entre fustán,
que olvidaste para qué sirvió la gesta?.
Se marchita a raudales
tu risa entrecana;
apretado y quedo está el malvís
entre los árboles de la desidia.
Ayer ensoberbeciste
mi alma sin disimulo.
Atrás se perdió todo:
me quedé meciendo un columpio...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Propongo un plan.
Albricias de caracolas
hundidas en la arena que van
arrastradas por las olas.
Las bocas que engendran
solaces melenas entre sus dientes,
navegan asiduas a las mareas que quiebran
la soledad con sus corrientes.
Apocado, imprecando males socarronamente
se desliza salaz por la llambría;
en el óbice de sus caderas y ausente,
iridiscente cuerpo de luz paría.
Hay un calor fungoso
bajo la sombra de la cubeba.
No me permito escalar el foso
que se esparce en la gándara de tu cueva.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Albricias de caracolas
hundidas en la arena que van
arrastradas por las olas.
Las bocas que engendran
solaces melenas entre sus dientes,
navegan asiduas a las mareas que quiebran
la soledad con sus corrientes.
Apocado, imprecando males socarronamente
se desliza salaz por la llambría;
en el óbice de sus caderas y ausente,
iridiscente cuerpo de luz paría.
Hay un calor fungoso
bajo la sombra de la cubeba.
No me permito escalar el foso
que se esparce en la gándara de tu cueva.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
jueves, 6 de septiembre de 2012
Has sugerido,
dejando caer a intervalos
minucias que son tregua,
hacerme roer, crispado,
palabras ininteligibles.
Has rumoreado,
con tono de trueno sagaz
que brota desde tu pecho,
fiel alero de golondrina,
recuerdos que son pocos.
Has aplacado mi fuego
desde cimas poderosas
que coronan la penumbra de mis sueños
caídos en pertrechos sutiles.
Has amado, ya sé,
y yo he aprendido
a temerte,
lamentándome sin voz.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
dejando caer a intervalos
minucias que son tregua,
hacerme roer, crispado,
palabras ininteligibles.
Has rumoreado,
con tono de trueno sagaz
que brota desde tu pecho,
fiel alero de golondrina,
recuerdos que son pocos.
Has aplacado mi fuego
desde cimas poderosas
que coronan la penumbra de mis sueños
caídos en pertrechos sutiles.
Has amado, ya sé,
y yo he aprendido
a temerte,
lamentándome sin voz.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
No sé que me oprime tanto
para no dejarme respirar:
será el miedo que como un manto
me cubre de par en par.
Como agasajo desmesurado
me elevo en urna de polen,
que atraviesa la palma de lado a lado
en pequeño surco y grande mole.
Levito, entre hilos sagaces
de esporádico centelleo,
(siempre dignos y capaces),
como la honra y el devaneo.
Hay un mejunje que me aprisiona el habla
dejando atrás frases trémulas.
Hoy me agarro a esta tabla
de ojos tristes y carne sin fécula.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
para no dejarme respirar:
será el miedo que como un manto
me cubre de par en par.
Como agasajo desmesurado
me elevo en urna de polen,
que atraviesa la palma de lado a lado
en pequeño surco y grande mole.
Levito, entre hilos sagaces
de esporádico centelleo,
(siempre dignos y capaces),
como la honra y el devaneo.
Hay un mejunje que me aprisiona el habla
dejando atrás frases trémulas.
Hoy me agarro a esta tabla
de ojos tristes y carne sin fécula.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Huye la otra estepa
entre colinas de risas inciertas
abrasando el pecho que no late.
Saciado de cúmulos que asfixian
se detiene observando tu mirada:
no hay desdén
que solape el universo de un estío.
Esas calles tan maltrechas,
de adoquines que antojan besos,
palpitan a raudales de voz
y de cuerpos descalzos.
Otrora se figura la sombra
que se arrastra coleando
pidiendo a gritos paso,
paso a paso.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
entre colinas de risas inciertas
abrasando el pecho que no late.
Saciado de cúmulos que asfixian
se detiene observando tu mirada:
no hay desdén
que solape el universo de un estío.
Esas calles tan maltrechas,
de adoquines que antojan besos,
palpitan a raudales de voz
y de cuerpos descalzos.
Otrora se figura la sombra
que se arrastra coleando
pidiendo a gritos paso,
paso a paso.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
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