DISPERSIONES

DISPERSIONES

miércoles, 17 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR








Totalmente solo (All alone) es un poema gótico de la escritora inglesa Mary Robinson, publicado en 1824, casi veinticuatro años después de la muerte de la autora. Totalmente solo es un poema que explora las variables más funestas del romanticismo: el dolor inclaudicable por una madre que ha muerto, y la necesidad implacable de rondar por su tumba día y noche, como un espectro, hasta que las estrellas caigan o los dioses recuerden aquel viejo pacto de inmortalidad.


TOTALMENTE SOLO/ALL ALONE




¿Por qué te has extraviado, pequeño muchacho,
en la ribera del camposanto
tu cabello ondulado en finas rebanadas se oculta,
tus lágrimas oscurecen el azul;
¿Por qué suspiras quedamente,
por qué lloras, si te han dejado solo?
No te han dejado solo, muchacho,
los viajeros se detienen al oír tu historia:
¡Ningún corazón es ajeno a ella!
Aunque la mejilla de tu madre sea pálida,
y se marchita bajo la piedra,
no te han dejado solo.
Te conozco bien. Cabellos dorados
en ondas sedosas a menudo veía:
tu rostro arrugado, tan fresco y plácido,
tu risa pícara, tu aire juguetón,
eran todo para mí, pobre huérfano,
antes de que el Destino te abandone.
Tu abrigo rojizo se ha rasgado,
¡tu mejilla cultiva pálidos gusanos!
Tus ojos se apagan, miran desesperados,
el pecho desnudo se encuentra con el viento fuerte;
y a menudo escucho gemir en las profundidades
que te han dejado solo.
Tus pies desnudos están llagados,
aquella cruz que diariamente recorres;
vientos invernales rugen a tu alrededor,
el camposanto es tu triste morada;
tu almohada una gélida piedra.
Y allí eres libre de sufrir, en soledad.
La lluvia es espesa allí, nocturna;
la helada desgarra tu pecho;
más el tejo te resguarda del cielo.
Oí el lamento de tus modestos infortunios;
te oí, antes de la estrella de la mañana,
llorar en la oscuridad, y llorabas solo.
A menudo te he visto
sobre la cálida rodilla materna;
en vida fuiste su regocijo,
y ahora su deudo.
Ella duerme bajo la joven lápida
que proclama: te han dejado solo.
Seca tus lágrimas, sobre la colina
tañen las campanas del pueblo;
la caña alegre, deportes recios,
los juegos rústicos te llaman desde lejos.
¿Entonces por qué llora y suspira
un niño solo en la multitud?
No puedo subir la escarpada colina,
no puedo cruzar el prado en la meseta;
no puedo llegar al valle
ni oír los gritos de alegría:
pues el mundo yace bajo una piedra
dónde mi madre me ha dejado solo.
No puedo juntar flores
para vestir las rosadas tertulias,
no puedo pasar las horas de la tarde
entre la muchedumbre ruidosa;
pues todo es oscuridad y soledad.
Mi madre duerme bajo la piedra joven.
Observa como las estrellas comienzan a brillar,
el perro pastor ladra.
Es tiempo de volver;
zumban las filas de caza bajo el rayo de la luna,
atisbadas desde la silueta vaga del tejo:
blanca cae sobre el mármol,
donde mi querida madre duerme sola.
No me retengas, pues debo partir,
el camino de la meseta es lento;
y allí la primavera comienza a vivir,
vistiendo el lecho de mi madre.
Solo la cuida durante el día,
un lecho que se desmorona en soledad.
Mi padre fue llevado sobre el mar tempestuoso
hacia extrañas tierras distantes,
mi madre permaneció conmigo,
barrió con llantos las noches y el frío.
Nunca dejaré esta piedra helada
donde ella duerme en soledad.
Mi padre ha muerto, incluso allí encontré
una madre cariñosa y amable;
sentí su pecho extasiado
cuando jugaba en su falda,
ella bendijo mi tono infantil,
y poco pensaba yo en lápidas.
Nunca más escucharé su voz,
nunca más veré su sonrisa;
no te preguntes porqué desgarro mi corazón,
pues ella habría muerto para seguirme.
Ahora duerme bajo el mármol,
y yo estoy vivo, para llorar en soledad.
Ella amó a su niño juguetón,
de un alto risco fue vista al caer;
oí de lejos el tañido de las campanas,
parecía en vano ayudarla;
oí el gemido desgarrador,
un lamento por haberlo dejado solo.
Nuestro fiel perro enloqueció y murió,
el relámpago golpeó nuestra choza,
sin morada nos quedamos,
y supe adonde debíamos ir:
a la pobre casa de un corazón de piedra
que nunca palpitará en los gemidos de la miseria.
Mi madre sobrevivía por mí,
ella me condujo a la alta montaña,
me miró, mientras allá en el árbol
me senté y tejí entre las ramas;
y ella me gritaba: No temas, muchacho,
no te he dejado solo.
La ráfaga sopló fuerte, el torrente se elevó
y barrió nuestra humilde choza:
y donde el arroyo claro fluye veloz,
sobre el césped, al amanecer del día,
cuando el brillante astro latía,
yo vagué desvalido, y solo.
Pero no lo estás, muchacho, ya que he visto
tus diminutas huellas en el rocío,
y mientras el cielo de la mañana, sereno,
se esparce sobre la colina,
oí tu gemido triste y lastimero,
junto a la fría piedra sepulcral.
Y cuando las horas del mediodía estival
se extienden por el paisaje,
te he visto, tejiendo flores fragantes
para adornar el lecho silencioso de tu madre.
No solo en la piedra simple del cementerio,
donde tu, muchacho, estás solo.
Te seguí a lo largo del valle,
y encima del camino hacia el bosque:
te oí contar tu historia triste
mientras lenta moría la estrella del día:
ni siquiera cuando su luz se desvaneció
tu has vagado totalmente solo.
¡Oh, si! Era yo, y todavía seré
un andariego, un peregrino desesperado;
el mundo está vacío para mi
¿dónde está la belleza del rocío?
Si ella me ha dejado solo,
durmiendo sueños de oscuridad.
Ningún hermano me llorará,
pues no conocí ningún hermano;
ningún amigo lamentará mi destino,
ya que los amigos son escasos, y pocas sus lágrimas;
a nadie veré, salvo esta lápida,
donde me quedaré eternamente solo.
Mi padre nunca volverá,
él descansa bajo las olas verdes,
ningún hombro amigo donde llorar
cuando me oculto allá en la tumba:
no un para vestir con flores la piedra
sino para existir en completa soledad.


MARY DARBY ROBINSON (1757-1800).-

martes, 16 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR






Thalaba, el destructor (Thalaba, the destroyer) es un poema de vampiros del escritor inglés Robert Southey, escrito en 1801. Se lo considera como uno de los primeros poemas de vampiros de las letras inglesas, al igual que el único poema realmente gótico. Tanto su historia, inspirada parcialmente en Vathek, de William Beckford, como su estilo, están intrínsecamente vinculados a la novela gótica.



THALABA EL DESTRUCTOR/THALABA EL DESTRUCTOR



¡Un ocaso de tinieblas y tormenta!
Dentro de la cripta
Thalaba depositó al anciano,
para protegerle de la lluvia.
¡Una noche de tormenta! El viento
azotaba el cielo sin luna,
y gemía entre los sepulcros;
y en las pausas de su azote
oían el caer de la densa lluvia
sobre el monumento.
En silencio, sobre la tumba de Oneiza
su padre y su esposo se hastiaban.
El almacín desde el minarete
cantó la medianoche.
¡Ahora, ahora!, gritó Thalaba;
y sobre la cripta de la tumba
creció un pálido resplandor,
como los reflejos de un fuego áureo;
y en esta espantosa luz
Oneiza se apareció. Era ella,
Las mismas facciones alteradas por la muerte,
lívidas mejillas, labios azulados;
pero en sus ojos aparecía
un brillo más terrible
que todo el espanto de la muerte.
¿Vives aún, infeliz?,
preguntó con trémula voz a Thalaba;
¿y debo abandonar cada noche mi tumba
para decirte, en vano,
que Dios te ha abandonado?
¡No es ella! exclamó
el anciano,
¡es un espectro, sólo un espectro!
Y dirigiéndose al joven que empuñaba la lanza:
¡Arrójasela tú mismo!
¡Arrójala! ,
gritó Thalaba,
y, desprovisto de toda fuerza,
clavó sus ojos en la terrible forma.
¡Sí, arrójala! ,
gritó una voz cuyo tono
inundó su alma con tanto alivio
como la lluvia sobre el desierto
de la muerte.
Pero, obediente a esa voz familiar,
fijó sus ojos en aquello,
cuando Moath, de firme corazón,
efectuó el lanzamiento: a través del cadáver del vampiro
voló la lanza, cayó,
y gimiendo por el dolor de la herida
su diabólico morador huyó.
Una azulada luz cayó sobre ellos,
e inundados de gloria, ante sus ojos
el espíritu de Oneiza descansó.


ROBERT SOUTHEY (1774-1843).-

lunes, 15 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR






Sobreviví la noche (Somehow myself survived the night) es un poema nocturno de la escritora norteamericana Emily Dickinson, publicado en 1871. El poema es conocido en español con otros títulos alternativos: De algún modo sobreviví a la noche, Sobreviví la noche de un modo secreto, entre otros.


SOBREVIVÍ LA NOCHE/SOMEHOW MYSELF SURVIVED THE NIGHT



De algún modo sobreviví la noche
y entré en el día.
Al salvado le basta su salvación
aunque no sepa el cómo.
Así tomo mi lugar entre los vivos,
como alguien me escoltase,
candidata al azar de la mañana
pero citada con los muertos.


EMILY DICKINSON (1830-1886).-



domingo, 14 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR







Si la muerte es amable (If death is kind) es un poema de la escritora norteamericana Sara Teasdale, publicado en la colección de poemas de 1920, Llama y Sombra (Flame and Shadow).


SI LA MUERTE ES AMABLE/IF DEADTH IS KIND


Si la muerte es amable, y puede que haya un retorno,
volveremos a la tierra alguna noche fragante,
y tomaremos estos caminos para encontrar el mar, y girando
respirar la misma azalea, baja y blanca.
Bajaremos de noche a esas playas resonantes,
y al extenso, delicado trueno del océano,
aquí por una sola hora en la amplia luz de las estrellas
seremos felices, pues los muertos son libres.


SARA TEASDALE (1884-1933).-

sábado, 13 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR







Decir adiós no es algo sencillo, y más aún cuando el motivo de la separación es algo tan irreversible como la muerte. Peor aún es intentar que ese mismo adiós adquiera las proporciones del arte, de manera que aunque el dolor de la separación sea eterno, la poesía y el lamento que la forjaron también se extiendan a través de la alfombra del tiempo. Un poema para un adiós, o mejor dicho, un poema para decir adiós, es una tarea tan sublime como poco práctica. Casualmente, estos son los únicos ingredientes esenciales del arte. Dentro de nuestra pequeña sección de poemas fúnebres ya hemos visto algunos ejemplos de esto, aunque pocos de ellos pueden compararse con esta nostálgica y magistral despedida de Oscar Wilde.



REQUIESCAT


Lean apaciblemente: Ella está cerca,
debajo de la nieve.
Hablen suavemente: Ella puede oír
a las margaritas crecer.
Todo su brillante cabello dorado
en lóbrego óxido se ha empañado,
ella, que era joven y encantadora
ha caído bajo un manto polvo.
Hermana de las Lilas,
blanca como la nieve,
ella apenas sabía
que era hermosa,
por lo que dulcemente creció.
El sarcófago es tu hogar,
una pesada lápida
yace sobre tu seno,
mientras en soledad lamento
que tu descanso sea eterno.
Paz, paz;ella no puede oír
el canto de la lira
o el fervor de un soneto,
mi vida ha sido enterrada aquí,
la tierra descansa sobre ella.


OSCAR WILDE.-

CICLO POESÍA DE TERROR








Que los muertos descansen en paz (Laß die verstorbenen ruhen) es un poema de vampiros del escritor alemán Kaspar Von Stieler (1632-1707), donde la mescolanza entre romanticismo y un punto de oscuridad en las imágenes que nos muestran los versos, hacen del autor un mero espectador de lo que acontece en la misma puerta de nuestra consciencia como un sueño oscuro y amenazante.


QUE LOS MUERTOS DESCANSEN EN PAZ/LAB DIE VERSTORBENEN RUHEN




Muere, Filidor
¿por qué no has muerto por tu deseo?
El coro de promesas de las musas
anunciaba herederos a tu nombre,
aunque pensara Florilis
que ninguno lloraría por ti.
Florilis, seguramente,
reirá con tu muerte;
y, de seguro,
contará bromas
sobre tu ataúd
y saltará, vitoreará
y cantará sobre tu tumba.
Si alguien menciona tu nombre,
tras tu muerte,
como, cuando o donde sea,
ella se burlará sobre tu lápida,
ella misma estremecerá tus roídos huesos.
Mas, orgullosa niña,
no imagines
que así te dejaré ir.
Un rostro espectral,
similar al mío, te atormentará;
te perseguirá mi espectro e irá al lecho contigo.
Un sueño opresivo
te despertará a menudo.
Penosamente creerás cómo entonces puedo asustarte:
Haré tu vida miserable con lamentos y golpes.
Si por la mañana te encontraran heridas,
dirás que te las hice para vengarme.
Si caes enferma
te atormentaré en tus pensamientos.
Conviene entonces te corrijas
mientras aún hay tiempo para ello.
Si me desvaneces en las vaporosas aguas del Aquerón
no tendrá sentido quejarse
cuando mi fantasma te atormente.



KASPAR VON STIELER (1632-1707).-

viernes, 12 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR








Prospice es uno de los mejores poemas de muerte de toda la literatura inglesa. Robert Browning, el oscuro, el sombrío: imagina la muerte como una batalla. El moribundo es para él como un viejo soldado, curtido por mil guerras, y que debe enfrentarse a un último conflicto. Hasta aquí, el ideal del guerrero medieval parece evidente, pero el soldado de Browning teme a la muerte, acaso por lo que aguarda del otro lado: el reencuentro con ella.



PROSPICE


¿Temer a la muerte? Sentir la niebla en mi garganta,
la neblina en mi rostro cuando llegan las nieves,
y las ráfagas que anuncian que estoy acercándome;
el poder de la noche, la fuerza de la tormenta,
la asechanza incansable del enemigo.
Allí está, el horror supremo en forma visible;
sin embargo, el hombre temerario debe acercarse,
porque el viaje ha concluido y la meta alcanzada;
las barreras caen, aunque falta una batalla para la conquista,
la recompensa de todo lo anterior.
Siempre fui un guerrero. ¡Una lucha más, la mejor y la última!
No deseo que la muerte vende mis ojos,
que atenta me hiciera pasar arrastrándome.
¡No! Dejadme conocer todo su sabor,
quiero ser como mis padres, héroes de antaño,
soportar la embestida, pagar las deudas de una alegre vida
en un minuto de sufrimiento, de sombras y de frío.
Porque para los valientes lo peor se transforma en lo mejor,
el momento sombrío termina, y la furia de los elementos,
las voces demoníacas desatadas se someten, se inclinan,
cambian, se transforman en una paz que nace del dolor;
luego una luz, luego tu seno, ¡Oh, tú, alma de mi alma!
¡Volveré a abrazarte y que la paz sea con Dios!


ROBERT BROWNING (1812-1889).-

jueves, 11 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR




De los ya incontables poemas del romanticismo que hemos traducido para nuestra biblioteca gótica, posiblemente éste sea el que más comulga con aquello que sospechosamente denominamos poesía gótica.
Se trata de un poema de nuestro admirado Lord Tennyson; que mezcla la soledad, la noche, el amor, la pasión por la poesía fúnebre; y aquella débil pero latente sensación de que estamos ante un sueño espantoso, pero que a medida que aumenta su horror, también lo hace su fascinación.




POR LA NOCHE YACÍAMOS SOBRE EL CÉSPED/BY NIGHT WE LINGERED ON THE LAWN




Por la noche yacíamos sobre el césped,
pues debajo la hierba era seca y cálida;
y a través del cielo una bruma plateada
se anticipaba al verano, en calma,
permitiendo que los cirios ardan inquebrantables:
no se escuchaba el canto de los grillos,
y sólo se oyó el murmullo de un arrollo lejano,
y sobre la urna el débil aleteo
de los murciélagos en los fragantes cielos,
girando brillantes en delicadas formas
que surgen durante el crepúsculo,
envueltos en capas oscuras;
con pechos hirsutos y perlados ojos.
Mientras cantábamos viejas baladas que sonaron
de colina en colina, donde cómodos yacíamos,
la blanca becerra resplandeció, y los árboles
rodearon el campo con sus oscuros brazos.
Pero cuando los otros, uno por uno,
huyeron de mí y de la Noche,
cuando en la casa, una por una,
las luces se apagaron, yo permanecí solo.
El hambre asaltó mi corazón, Leí;
sobre aquellos felices años que una vez fueron,
en las hojas marchitas que conservaban su verdor,
las nobles letras de los muertos.
Extrañamente, sobre el silencio brotaron
las mudas letras parlantes, y extraño
fue el lamento desafiante de las palabras
que probaban su valor. Entonces, oh prodigio: habló.
Habló de la Fe, el Vigor, el Valor de detenerse
donde la duda impulsa la espalda del cobarde,
y pronunció agudos enigmas que sugerían,
que atraían hacia la intimidad de su celda.
Entonces, palabra a palabras, línea tras línea,
el hombre muerto me tocó desde el pasado,
y todo al mismo tiempo me pareció
que el alma viviente fue reflejada en mí.
Allí mi alma fue herida, girando
sobre las empíreas alturas del pensamiento,
llegando hasta aquello que es, atrapando
las hondas pulsaciones del mundo.
Una melodía antigua que medía
los pasos del tiempo, los golpes de la fortuna,
el soplo de la Muerte. Lentamente, mi trance
fue diluyéndose, aferrada a la penosa duda.
¡Vagas palabras! Pero cuán difícil es
darles forma, moldearlas en el discurso,
que duro es para el intelecto hurgar
en la memoria de lo que me convertí.
Hasta ahora, el dudoso crepúsculo revela
las colinas una vez más, donde cómodos yacíamos,
donde la blanca becerra resplandecía, y los árboles
rodeaban el campo con sus oscuros brazos.
Aspirada desde las tinieblas lejanas,
la brisa comenzó a temblar sobre
las grandes hojas del sicomoro,
penetrando todo con su inmóvil fragancia.
Reuniéndose sobre las frescas bóvedas,
sacudió las ramas de los olmos, y pasó
sobre las rosas abatidas; y agitó
los lirios de un lado a otro, diciendo:
el Alba, el Amanecer. Y murió lejos.
El este y el oeste, sin un hálito de aliento,
mezclaron sus tenues luces, como la vida y la muerte,
para esculpir un día que jamás tendrá fin.



LORD ALFRED TENNYSON (1809-1892).-

CICLO POESÍA DE TERROR




Los poemas fúnebres nos tienen habituados al dolor por la muerte, a esa imprecisa sensación de que todo en el mundo es efímero, y que nada está destinado al recuerdo. Lo mismo sucede con la poesía romántica, cuya esencia fue el individualismo, lo cual equivale a la soledad, al aislamiento. Las masas no mueren, el hombre, el individuo, sí. Pero dentro de este acabado monumento a la desdicha de saberse mortales, también surgieron poetas que manejaron otros ángulos para la misma cuestión. Tal es el caso de José de Espronceda, quien ha vislumbrado la realidad de la muerte desde el otro lado, es decir, desde el lado de la muerte.


CANCIÓN DE LA MUERTE



Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.
Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño
aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo
de una brisa sin rumor.
Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.
Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.
En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad.
Ven y tu ardiente cabeza
entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa;
eterno regalaré;
ven y yace para siempre
en blanca cama mullida,
donde el silencio convida
al reposo y al no ser.
Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.
Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón.



JOSÉ DE ESPRONCEDA.-

Aula de Pensamiento Francisco Javier de Burgos: Siete días junto al mar

Aula de Pensamiento Francisco Javier de Burgos: Siete días junto al mar: VIERNES 1 9 DE FEBRERO · 20:30 H. CENTRO SAN AGUSTÍN ENTRADA LIBRE MOTRIL 201 6 Manuel Moreno nació en Cullar Vega en 19...

miércoles, 10 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR







Retomamos nuestra sección de poemas mitológicos desde una perspectiva un tanto extraña. Nuestro narrador del día fue uno de los grandes dramaturgos y poetas del romanticismo escandinavo, nada menos que el sueco Erik Johann Stagnelius. Claro que la extrañeza de la que hablábamos no tiene que ver con este nombre inverosímil, tampoco con el hecho de que un poeta romántico beba de la fuente mitológica, el verdadero asombro se encuentra en las gélidas latitudes donde el poeta ha encontrado su inspiración. El Nacken es un espíritu acuático, profundamente arraigado en la tradición nórdica, y cuyo carácter amable ha ido mutando en las leyendas hasta aparecer como un espectro vil y codicioso. Algunos recopiladores lo asocian con el Nixcobt, otro ser del que ya hemos hablado oportunamente. Es natural que la poesía del romanticismo busque su espejo en la mitología clásica, donde seguramente se encuentran las cimas más acabadas de la poesía atávica. Pero ciertamente son pocos los que han reparado en los diminutos fantasmas del norte, y menos aún en un pobre músico de los arroyos, quien brota de las profundidades para cortejar con su melodía a la luna plateada.


NACKEN



La tarde se adorna con nubes de oro,
las hadas bailan en la pradera
y el Nacken, coronado con hierbas,
toca su violín en el arroyo de plata.
Niño en el pincel sobre el banco,
descansando en el vapor violeta,
oye de pronto el murmullo del agua fresca,
llamando desde la noche inmóvil.
Pobre compañero ¿por qué tocas?
¿Acaso calmará tu dolor?
Puedes traer los bosques y los campos a la vida,
más nunca serás un hijo de dios.
Las noches de luna en el paraíso,
las flores edénicas planicies
coronadas
de ángeles en las alturas. Nunca
por el ojo fueron contempladas.
Lágrimas fluyen por el rostro del anciano,
sumergiéndose profundo en los rápidos,
el violín calla.
El Nacken jamás volvió
a tocar en el arroyo de plata.

ERIK JOHANN STAGNELIUS (1793-1823).-

CICLO POESÍA DE TERROR



Es imposible determinar en quién pensaba George Heath cuando escribió este asombroso poema. Lo que si es posible es imaginar que sus posibilidades no son caprichosas, y que está en nosotros
dibujar el rostro que el poeta ha insinuado. Para que no se nos atribuya una cobardía excesiva, daremos nuestra opinión (sin fundamentos, por supuesto) sobre las intenciones del poema: Las rocas, en una visión kantiana del mundo, son una especie de enemigos de la muerte, pues luchan tenazmente contra el tiempo y decaen con cierta majestad, la misma que poseen todas las empresas nobles y absurdas. En el hombre, el corazón es lo más parecido a una roca. Su lenta erosión y decadencia siempre son menos brutales de lo que nos gusta pensar; y es allí donde las cosas imperecederas encuentran el camino más dilatado posible. Si bien el corazón no es inmortal, sus tesoros de angustia y amor son lo más cercano a la eternidad en esta tierra olvidada.


INSCRIPCIÓN SOBRE UNA ROCA/INSCRIPTION ON A RUDE STONE


La tranquila juventud en el valle creció,
y sobre sus pensamientos arrojó un manto,
amaneció en su espíritu un nuevo significado,
y tuvo un sueño sobre una misión grande;
pero Dios, en su infinita sabiduría, señaló
con dedo severo la ruptura del proyecto.
Su vida es un fragmento,
una pista incierta.
Su arpa tenía una cuerda armoniosa o dos,
la tensión fue enorme, surgieron y volaron,
y unas pocas cuerdas breves
y dispersas
son todo lo que queda ante los ojos
de la maravillosa canción que el hombre joven conoció.
¡Si, aquellos que posean el sentimiento!
¡Una lágrima por ustedes!
Descansa, tu el mas triste de los cantantes, en paz
Adiós George.


GEORGE HEATH (1844-1869).-

lunes, 8 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR






El siguiente poema de Enid Derham no necesita de nuestros indeseables preludios, lo cual no indica que el resto de los poemas de nuestra biblioteca gótica sí los necesiten. La realidad de esta renuencia a comentar ciertos poemas es simplemente la consecuencia de su traducción, situación que podemos resumir con la siguiente fórmula: hay poemas que nos agotan, literalmente.
Hay autores que me estimulan a escribir (Poe, Dunsany, Blake, Rossetti, etc) y otros que agotan brutalmente mi capacidad de elaborar párrafos medianamente dignos. Este es el caso del poema de hoy, el cual me ha deparado un gran placer al traducirlo, pero que me ha despojado de todos mis pequeños artificios.




DESCANSO ETERNO/ETERNAL REST




Cuando el impaciente espíritu abandona
la sólida cárcel de las Horas,
derramando suave y sin demoras
las ropas que lo vistieron día y noche,
para trascender la carne que ata,
sin someter jamás el corazón indomable,
en igual disolución, la arcilla
que agitó las formas también huirá,
transformada en fuego soplando en el viento.
No merecemos cambiar por vestidos luminosos,
nosotros no, Oh Tierra, para que en ti cese
nuestra gris resistencia por el frío y la oscuridad.
Estos ojos han visto con dolor, y ahora reposarán,
un descanso que todos hemos deseado,
y sobre tu seno de inmutable paz,
cambiaremos con suavidad,
lentamente hacia el Olvido.


ENID DERHAM.-

domingo, 7 de febrero de 2016

CICLO POESÍA DE TERROR







Los poemas del dolor suelen estar asociados a dos cuestiones: el amor y la tristeza. Entre ambos existe toda una trama de sutiles variaciones que van desde la poesía mitológica hasta la poética de la muerte. Ahora bien, aunque muchos escritores se han inspirado en la soledad, no son tantos los que han encontrado un vehículo tan maravilloso como Ernest Dowson. Es común que encontremos que la soledad es descrita por algún amante abandonado, o por alguna dama que aguarda la llegada del amor. Pero la soledad, la verdadera soledad, yace sólo en el aislamiento. 
El poema de hoy nos hablará sobre un aislamiento doblemente infame: el de alguien que vive encerrado en un hospicio, alejado del mundo no sólo por muros y rejas, sino por la incomprensión, por un alejamiento brutal de todas las convenciones.
La imagen de este espíritu desdichado, contemplando la luna y las estrellas a través de los barrotes, aferrado a un manojo de hierbas secas con la seguridad de que se tratan de radiantes rosas es, sin lugar a dudas, uno de los ejemplos más acabados de la poética de la soledad.



PARA ALGUIEN EN EL MANICOMIO/TO ONE IN BEDLAM



Con delicadas, dementes manos, detrás de las sórdidas barras,
él sostiene sus flores, manojo apretado en densas lágrimas;
aquellos marchitos ramos de paja, marcan miserablemente
su espacio, universo enjaulado, donde contempla al mundo indolente.
Pedante y lastimoso. ¡Ah, como luchan su arrebatadora mirada
contra la indiferencia! ¿Saben ellos de los sueños divinos que lo agitan,
riendo como en un sueño encantado por el vino,
mezclando en una quimera su melancolía con las estrellas?
¡Oh, Hermano desdichado! Sí, de tí sienten lástima.
¿No he cedido con alegría a la promesa de tus ojos,
Reino de los tontos, lejos de los hombres que siembran y cosechan
la vanidad de sus días? Mejor que las flores mortales
son tus pequeñas rosas lunares: Mejores que el amor o el sueño,
las estrellas han coronado con olvido la soledad de tus horas.


ERNEST CHRISTOPHER DOWSON (1867-1900).-

sábado, 6 de febrero de 2016

PRESENTACIÓN POEMARIO "DE LA LLUVIA SOBRE EL MAR", DE NICOLÁS RODRÍGUEZ MARTÍN. MOTRIL, 04-02-2016.-



      El pasado jueves día 04-02-2016 la Asociación Aguaviva de Motril presentó el primer poemario de lo que se pretende sea una colección de poesía que englobe a todos los escritores de Motril y la Comarca.
      Con el titulo genérico de "Colección Poesía del Sur", abrimos la mencionada colección con el libro de nuestro amigo Nicolás Rodríguez Martín "De la lluvia sobre el mar", donde el autor nos ofrece una antología de poemas ensalzadores de la historia de su tierra y sus gentes. Un poeta intimista y contemplativo que hace de la palabra el arma ideal para escapar del olvido.

      El acto contó con la presencia del Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Motril, Francisco Ruíz, la Coral Armiz que puso música a uno de los poemas y del grupo de Teatro Aguaviva, que realizó una preciosa performance de otro de los poemas titulado "Los dioses de la guerra". Numeroso público abarrotó, así mismo, el patio del Palacio de las Condesas de Torre-Isabel, un espacio íntimo y dado a declamar versos.

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      Nicolás Rodríguez Martín nació en Motril en el año 1937. Aficionado a la poesía desde su adolescencia, ya en 1962 fue premiada su participación en los Juegos Florales de Motril, último certamen de la etapa antigua del Teatro Calderón. Como autor de relatos ha sido premiado con el "Martín Recuerda 1990", "Relatos cortos sobre la mujer 1994" y "Clara Campoamor 1996". Su creación poética fue incluida en el libro "Antología de Poetas Motrileños 1993" y "Poesía y Caña de Azúcar 2015". Colaboró con el libro colectivo de poesía "Semillas 1997" y con relatos y poemas en "Antología Lírica del Mar 2000" y "Versos para un Fin de Milenio 2001". En diciembre de 1997 se le concedió a su libro "Behetría de mar a mar" el primer premio del certamen "Ciudad de Motril de Poesía 1997" que fue publicado por el Ayuntamiento de Motril en junio de 2000.
      Su poemario "Hombre de Caña" se publicó en Cuadernos Literarios de Salobreña el año 2003. Sus poemas "El Mondero", "Himno a la Virgen de la Cabeza" y "Nana de la Caña Dulce" fueron las letras para composiciones de canto coral de los músicos Antonio Lorenzo Camarón, Miguel Assíns y Arbó y Jesús Sanchidrián Torti, respectivamente.


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LA LLUVIA SOBRE EL MAR



La lluvia sobre el mar, la tarde gris.
La lluvia sobre el mar, lentas gaviotas.
La lluvia sobre el mar, la playa umbría.
La lluvia sobre el mar, las flores huella
de los desnudos pasos en la arena
que el viento del olvido no borró.

El golpear de menudas caracolas.
Esas aguas vencidas
que caen en multitud sobre mi mar.

La soledad ausencia: qué agonía,
qué avance sin llegar de sal inmensa,
qué inútil cae la nube sobre el mar.

Nicolás Rodríguez Martín.-