DISPERSIONES

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domingo, 19 de febrero de 2017

CICLO POESÍA ESPAÑOLA DE LA POSGUERRA











JOSÉ HIERRO DEL REAL




José Hierro del Real (1922-2002), poeta, nació en Madrid. Pasó su infancia en Santander. Es uno de los poetas más representativos de las décadas de 1940 y 1950 y está considerado una de las voces más representativas junto a Blas de Otero, Gabriel Celaya y Eugenio de Nora, de la poesía social de posguerra.
Se afilió a la Unión de Escritores y Artistas Revolucionarios. Al finalizar la Guerra Civil (1936-1939) fue detenido y procesado por "auxilio y adhesión a la rebelión". Permaneció en la cárcel hasta 1944. Luego vivió en Valencia, Santander y Madrid, ciudad en la que fijó su residencia definitiva en 1952.
Descubrió la obra poética de la Generación del 27 a través de la antología de Gerardo Diego, a quien consideró su padre espiritual.
José Hierro recibió los siguientes galardones: el Premio Adonáis por su obra Alegría (1947), el Premio Nacional de Poesía (1953), el Premio de la Crítica (1958, 1965 y 1999), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1981), el Premio Nacional de las Letras Españolas (1990), el Premio Reina Sofía de Poesía (1995) y el Premio Cervantes (1998).
OBRA POÉTICA
José Hierro es el poeta-puente entre la primera generación de posguerra y la siguiente, o entre la generación del 27 y la poesía actual, su obra no es muy extensa, pero sí muy intensa, de verso desnudo y profundo.
Su obra poética se caracteriza por reflexionar sobre lo sencillo, en la línea de Blas de Otero o Gabriel Celaya, aunque se nota la influencia de Gerardo Diego. Se inició con una temática reivindicativa testimonial, pero sus temas fueron poco a poco haciéndose más existenciales y metafísicos.
No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas,
sin alzar vallas a su gloria.
Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cause temporal desembocan
y, hecho un solo río, os vertéis en el mar.
El motivo fundamental de la poesía de José Hierro es el valor de la pura existencia del hombre iluminada por la alegría del canto, única cosa que da sentido a la vida y arranca al hombre del dolor:
Sé que nada está muerto mientras viva mi canto.
Entre las perezosas nieblas del alma, quiero
sentirme entero palpitando.
Vi las formas borrosas entre la niebla. Espectros...
Pero yo me rebelo. Yo llevo en mí la vida.
Estoy, con el olvido, cara a cara luchando.
José Hierro se vale de un lenguaje transparente: “es preciso hablar claro, la oscuridad es defecto de expresión”. Sus poemas son breves y sin artificios retóricos. Hierro ha conseguido cantar con sencillez y hondura “lo que los hombres cantarían si tuviesen un poeta dentro”, sin olvidar que “ser de nuestra época no quiere decir que han de emplearse los vocabularios de moda ni tratar los asuntos del día”.
Tierra sin nosotros (1946)
Con las piedras, con el viento (1950)
Quinta del 42 (1953)
Antología poética (1953)
Una amplia selección de su obra lírica.
Estatuas yacentes (1954)
Cuanto sé de mí (1957)
Libro de las alucinaciones (1964)
Antología (1980)
Recoge su obra y algunos poemas inéditos.
Agenda (1991)
Cuaderno de Nueva York (1998)
Según Fernando Lázaro Carreter, esta es una obra cumbre de la poesía de finales del siglo XX. Son 32 poemas.
Guardados en la sombra (2002)
Reúne poemas, cuentos, ensayos hasta entonces inéditos.


CANCIÓN DE CUNA PARA DORMIR A UN PRESO


La gaviota sobre el pinar.
(La mar resuena.)
Se acerca el sueño. Dormirás,
soñarás, aunque no lo quieras.
La gaviota sobre el pinar
goteado todo de estrellas.
Duerme. Ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
No hay más que sombra. Arriba, luna.
Peter Pan por las alamedas.
Sobre ciervos de lomo verde
la niña ciega.
Ya tú eres hombre, ya te duermes,
mi amigo, ea...
Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo
sobre la luna, y la degüella.
La mar está cerca de ti,
muerde tus piernas.
No es verdad que tú seas hombre;
eres un niño que no sueña.
No es verdad que tú hayas sufrido:
son cuentos tristes que te cuentan.
Duerme. La sombra toda es tuya,
mi amigo, ea...
Eres un niño que está serio.
Perdió la risa y no la encuentra.
Será que habrá caído al mar,
la habrá comido una ballena.
Duerme, mi amigo, que te acunen
campanillas y panderetas,
flautas de caña de son vago
amanecidas en la niebla.
No es verdad que te pese el alma.
El alma es aire y humo y seda.
La noche es vasta. Tiene espacios
para volar por donde quieras,
para llegar al alba y ver
las aguas frías que despiertan, 
las rocas grises, como el casco
que tú llevabas a la guerra.
La noche es amplia, duerme, amigo,
mi amigo, ea...
La noche es bella, está desnuda,
no tiene límites ni rejas.
No es verdad que tú hayas sufrido,
son cuentos tristes que te cuentan.
Tú eres un niño que está triste,
eres un niño que no sueña.
Y la gaviota está esperando
para venir cuando te duermas.
Duerme, ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
Duerme, mi amigo...
Ya se duerme
mi amigo, ea...

JOSÉ HIERRO ("Tierra sin nosotros", 1947).-