DISPERSIONES
jueves, 28 de noviembre de 2013
Y entonces he entendido
que, después de tantos besos, es imposible recorrer lo andado,
que nada es igual,
que nada se perpetúa, o casi, tras haberse vivido,
y que ahora el cielo no es un techo seguro,
y seguramente
tampoco lo fue antes cuando fue compartido,
y tampoco lo será entre cristales que fueron ventanas,
y tampoco las lágrimas vuelan sobre jilgueros que ahora
dormitan en este triste alféizar...
y yo estuve de pronto seguro,
seguro amándote, seguro con la únca coraza de esta piel
anodina y fría y destartalada,
lamiendo ecos y risas abiertamente,
lamiéndome otras heridas
para decir que no me importa la piel,
y pensar, descuidadamente, como acercarte a mi boca
y a mis ojos
y aborrecer para siempre, como un compungido Otelo,
todo lo que te toca, arañando pedazo a pedazo,
arañando, efusivamente, toda la carne y el aire
que me sabe a ti.
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Del poemario "La mirada fingida", de Juanjo Cuenca.-
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