DISPERSIONES

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miércoles, 18 de enero de 2017

CICLO POESÍA MODERNISTA









JOSÉ DEL RÍO SAINZ 



SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL



   Algunos días, por las mañanas,
bajo las viejas, nobles ventanas,
se escucha el canto de las campanas
de los rebaños, voz de cristal;
se oye el mugido grave del toro
y los pastores cantan a coro
el romancesco nombre sonoro
del alto puerto y el invernal:
   ¡San Sebastián de Garabandal!
   Parece un eco del Romancero,
huele a lentisco, huele a romero
y evoca el nombre de un milagrero
santuario, viejo, hosco y feudal.
Oculta el puerto la niebla densa
que Peña Sagra, nevada, inmensa,
en su empinado cuerno condensa
y baja al valle como un cendal:
   ¡San Sebastián de Garabandal!
   Marcha solemne la del ganado
que va hacia el puerto; con su cayado,
guía el vaquero el sosegado
ritmo del paso por la canal:
las ternerillas dulces y castas,
las vacas viejas de líneas bastas
y el toro enorme de enormes astas,
rey coronado, bestia imperial:
   ¡San Sebastián de Garabandal!
   Y el viejo perro, que en su pelambre,
recia y tupida como un estambre,
guarda la huella de un lobo en hambre,
con cada diente como un puñal,
va flanqueando el paso lento
de la cabaña, la cola al viento
y entre la yerba, a todo atento
bajo el hocico chato y leal:
   ¡San Sebastián de Garabandal!
   Clamor agreste de los mugidos,
de las esquilas, de los ladridos,
sones dispersos, todos fundidos
en una sola voz pastoral,
que canta el himno del alto puerto,
por la neblina siempre cubierto,
con sus establos el invernal,
que tiene un nombre grave y guerrero
de verso suelto de Romancero:
   ¡San Sebastián de Garabandal!


JOSÉ DEL RÍO SAINZ (1886-1964).-