DISPERSIONES

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sábado, 19 de noviembre de 2016

ANA CONSTÁN










      Ana Constán Moreno, natural de Motril (Granada), donde reside en la actualidad. Poeta y autora teatral, ha sido galardonada con diferentes premios. En poesía cuenta con los de Motril, Pinos Puente y el internacional de poesía "Barbate leer" (2009).
      En teatro, con la obra "Julia, mi mujer", obtiene el premio al mejor guión en el certamen "Mariana Pineda" convocado por el Ayuntamiento de Granada (2000), obra representada en distintos escenarios, entre ellos el Teatro Calderón de la Barca de Motril, donde obtuvo el premio a la mejor obra en el I Encuentro de Teatro. Su obra "Gritos de humo", ha sido representada en varias localidades (Salobreña, Loja, etc). Y tiene inéditas las obras "Mírame a los ojos y verás que miento" y "Subversive".
      Entra en el mundo infantil con las adaptaciones para teatro de "El Mago de Oz: Ciudad Esmeralda", "El Principito" y "Ulises: vuelta a casa".
      En 2012 publica el poemario "Sombra de un tiempo".-





CAMINO DE LAS CAÑAS


Algunas calles son como los amigos,
nos pertenecen; visten nuestra piel,
calzan un mismo paso
y un mismo corazón bombea
el latido de un tiempo en sus esquinas.

Algunas calles pasan por tu vida
dando la voz de alarma;
voz de niños indóciles
que rompen con sus gritos y carreras
el ritmo acompasado y ajeno
de verdes hileras de cañas.

Hay calles que regalan
retahílas de risas en tropel.
Ágiles brazos de niñez indómita,
engavillados a la grey
en pos de un cabo,
como febril yugo a su presa.

Hay calles que germinan en las manos
de quienes las trabajan,
anidan de hojas, trancos y portales,
enraízan sinuosas aceras
al frágil tallo de su caña
y endulzan, gota a gota,
seculares heridas de puertas y fachadas.

Algunas calles crecen
en quienes las transitan,
toman su nombre y apellido, 
adoptan su mirada cansada al atardecer
y trenzan con sudor y esfuerzo
el diario despertar de sus afanes.

Hay calles donde aún resuenan
"quejíos" de acarretos en campaña;
calles que se iluminan
con el oscuro rostro de la zafra.


ANA CONSTÁN MORENO.-