DISPERSIONES

DISPERSIONES

miércoles, 8 de junio de 2016

VÍCTOR HUGO







AL BORDE DEL INFINITO

CLARIDAD



Bajo un cielo de nubes el Océano brilla.
Las olas extenuadas de su liza continua,
se adormecen y dejan las rocas en silencio,
convirtiendo la orilla en un inmenso beso.
Se diría que a un tiempo y por doquier la vida,
disuelve el mal, la noche, el dolor y la envidia;
que la muerte tendida dice al viviente en pie;
¡ama! y un alma oscura abierta por doquier
avanza a nuestros labios suavemente su boca.
Calmando al ser la fiebre en éxtasis y sombras.
Abriendo senos, ojos, corazones dispersos,
y que, profundamente, a través de sus poros,
esa savia sagrada entra y lo cubre todo.
Una gran paz se eleva como una marea.
Por entre el pavimento se estremece la hierba;
el alma calor siente. Hay cobijo en el nido.
El ruido de las hojas invade el infinito.
La tierra en este instante parece que despierta
y oye el ruido del día que a vivir ya comienza,
del viento, el primer paso, del amor, del trabajo,
del hombre y de la puerta que se abre chirriando,
y el grito de un caballo, blanca aurora incipiente.
El gorrión con sus alas, como un ser inconsciente,
viene a acosar al mar monstruoso y risueño;
con el mar juega el águila, la mosca con el viento;
y labradores graves con sus surcos preparan
páginas donde escriba el trigo sus canciones;
junto al pámpano acuden aquellos pescadores;
parece el horizonte un deslumbrante sueño,
en él nadan las conchas y las plumas del cielo,
el Océano es hidra y las nubes son aves.
Una luz, rayo vago, desde una cuna emana,
que aquella mujer mece de su choza a la entrada,
dora el campo, la flor, las olas; luz se vuelven,
al besar una tumba, al pie del campanario.
El día se sumerge en un abismo extraño,
la sombra busca y besa bajo aguas siniestras.
Todo es dulce, tranquilo, feliz y Dios lo observa.


VÍCTOR HUGO ("Antología Poética").-