DISPERSIONES

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miércoles, 1 de junio de 2016

POESÍA LATINOAMERICANA






EL EQUILIBRISTA DE BAYARD STREET




Camina de puntas el Equilibrista de Bayard Street,
evita el abismo la mirada y arranca de cuajo toda pretensión,
¿de qué sirven el heroísmo, la grandeza, el entusiasmo?
Poca cosa es la vida para el Equilibrista de Bayard Street,
poca la indulgencia de llegar al otro lado y repetir cien veces
la misma operación.
Una mujer lo observa sin asombro,
tras la ventana acaricia el cabello de sus hijos
y turba con su canto los oídos del Equilibrista de Bayard Street.
Los vecinos lo ignoran, beben latas de cerveza, conversan hasta
altas horas de la noche,
¿quién repararía en tan inútil prodigio?
Sólo los niños señalan con el dedo al Equilibrista de Bayard Street;
ellos lo admiran, contienen la respiración y aplauden hasta
espantar a los gatos.
Una iglesia presbiteriana es el orgullo de Bayard Street;
fue construida a principios de siglo y tiene torre y campanario.
Fija la mirada avanza hacia la iglesia el Equilibrista de Bayard Street.
Su esposa ha preparado una pierna de pollo, ensaladas de tomates
y un plato de lentejas,
con suerte harán el amor esta noche y tendrán un instante
de feroz alegría.
Es muy joven la esposa del Equilibrista de Bayard Street;
es ella la encargada de tensar la cuerda, la que mide la distancia
entre la ventana y la torre, la que tiene rostro de heroína
de novela de amor.
A nada le teme el Equilibrista de Bayard Street,
pero hace varias noches que no duerme;
dicen que soñó que sus zapatillas colgaban de la cuerda
mientras los niños esperaban que se despanzurrara de una vez
el Equilibrista de Bayard Street.


EDUARDO CHIRINOS (Perú, 1960- "El Equilibrista de Bayard Street").-