Hay cieno semejante a una algarabía
de ecos callados
que transitan una calle poblada
de inquietud.
Hay nostalgia,
oscura como una silueta
que escucha detrás de cualquier esquina;
(la torre se vuelve fría, muy pequeña)
y su sombra no me cobija.
Pronto se desvanece a quemarropa
tu silueta lisa, tu pecho mudo
que resopla (otrora más tenue)
que la hoja que cae.
Miento si te digo que no escupo
a través de la puerta
que se abre a golpe de gozne;
atroz resulta mi madera muerta,
y rasgada, mi carne sin dueño.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
DISPERSIONES
jueves, 10 de enero de 2013
Devuélveme el vano sentimiento:
amargo, azucarado que empalaga.
Deseo oscuro que bosteza el ambiente
desierto,
quiero, por no querer,
quererte sin más...
Devuélveme, amargo deseo,
el sentir que rastrea el lodo
en la puerta de la posada;
la huella me impresionó,
memoria oculta, maldita
que doblega el son que acontece
raudo.
Lo mismo siento
y me ocupo,
que no consigo desaparecer.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
amargo, azucarado que empalaga.
Deseo oscuro que bosteza el ambiente
desierto,
quiero, por no querer,
quererte sin más...
Devuélveme, amargo deseo,
el sentir que rastrea el lodo
en la puerta de la posada;
la huella me impresionó,
memoria oculta, maldita
que doblega el son que acontece
raudo.
Lo mismo siento
y me ocupo,
que no consigo desaparecer.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
martes, 8 de enero de 2013
El impío pudor que bostezo
se me abre a borbotones en la noche
de nostálgica negrura.
Lúgubres son mis vidas,
que más que una todas tengo,
cuando paseo y me desquito un poco
antes de viajar lejos, lejos...
Fantasía que me atrapas
en hilos de floja seda:
¿dónde te agarras que no sueltas,
y a la vez das tanta rienda?.
Confundo todo,
mas todo no es nada sin algo
que se atreva a soñar
despierto.
No tengo fuerza ni pasión;
no tengo vida ni gloria que me ampare.
Solo tengo extrañeza y caricias,
dolor y barro tengo
y con eso me basta...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
se me abre a borbotones en la noche
de nostálgica negrura.
Lúgubres son mis vidas,
que más que una todas tengo,
cuando paseo y me desquito un poco
antes de viajar lejos, lejos...
Fantasía que me atrapas
en hilos de floja seda:
¿dónde te agarras que no sueltas,
y a la vez das tanta rienda?.
Confundo todo,
mas todo no es nada sin algo
que se atreva a soñar
despierto.
No tengo fuerza ni pasión;
no tengo vida ni gloria que me ampare.
Solo tengo extrañeza y caricias,
dolor y barro tengo
y con eso me basta...
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Aquel perfume angosto
de gloria perpetua,
aquel despertar que ocasionó
la adversidad, me ilumina.
Aquella mi fina potencia soberbia,
(ídolo de mi preciado templo),
aquel desvarío presuroso,
vínculo entre la estima y la virtud
que a fortuna funesta ruego esquivar.
Esparce el polvo
y conjura a mi pensamiento.
Te deleitarás de la ceniza ausente,
y de mi vida, y de mis venas vacías
como del nido sin pájaro.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
de gloria perpetua,
aquel despertar que ocasionó
la adversidad, me ilumina.
Aquella mi fina potencia soberbia,
(ídolo de mi preciado templo),
aquel desvarío presuroso,
vínculo entre la estima y la virtud
que a fortuna funesta ruego esquivar.
Esparce el polvo
y conjura a mi pensamiento.
Te deleitarás de la ceniza ausente,
y de mi vida, y de mis venas vacías
como del nido sin pájaro.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Gota a gota cae el deseo
provisto de agua pasajera que zumba.
La lúgubre hoja escarlata del cuchillo,
azota...
Película añorada de pasajes inciertos,
verdor de mentira que no cae despacio
en el infinito de la clave que agoniza,
chocando una piedra.
¿Dónde se fue el maldito aire?,
¿dónde?, que no respiro,
se pasea por la cabeza con donaire,
¡ah, Dios, que esquivo!.
Gota a gota cae el deseo,
que no clavo a clavo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
provisto de agua pasajera que zumba.
La lúgubre hoja escarlata del cuchillo,
azota...
Película añorada de pasajes inciertos,
verdor de mentira que no cae despacio
en el infinito de la clave que agoniza,
chocando una piedra.
¿Dónde se fue el maldito aire?,
¿dónde?, que no respiro,
se pasea por la cabeza con donaire,
¡ah, Dios, que esquivo!.
Gota a gota cae el deseo,
que no clavo a clavo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Cesando con tumulto incierto
una mirada que refrena,
queda después oscuro y abierto
y deja pasar la pena.
Menester fuera siempre
holgarse en el bien de tu pelo,
ganar pan de dulce simiente
y quemar besando aquel tu suave velo.
No hay mesura ni protesta
ni parte al descubierto,
no hay golpe que asesta
ni raudo, ni alto, ni presto.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
una mirada que refrena,
queda después oscuro y abierto
y deja pasar la pena.
Menester fuera siempre
holgarse en el bien de tu pelo,
ganar pan de dulce simiente
y quemar besando aquel tu suave velo.
No hay mesura ni protesta
ni parte al descubierto,
no hay golpe que asesta
ni raudo, ni alto, ni presto.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
miércoles, 2 de enero de 2013
Hay tormentas que arrecian
cuanto más lejos se distinguen.
Así es tu amor,
cariño mío,
remanso de mis penas
negras,
así es tu mentón somero
que languidece cuando
tus ojos me ofrecen besos
a escondidas,
intermitentes los párpados,
atentos en su vigilia.
He sucumbido a la catástrofe
de tu cuerpo entero;
liviano y ufano al mismo
tiempo,
triunfador de pecados
que se esconden en tu lengua
parca y amortajada,
muda de silencios
de ardores inusitados.
Crece la ola de mi desesperación
cuando te observo cabalgando
carnes cetrinas,
manos que moldean
caderas sublimes.
Se derrama tu saliva
ocre, miel de cereza,
sobre el plato
de mi voraz apetito
como coito estrafalario
que de un grito agasaja,
y muere solo en la penumbra.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
cuanto más lejos se distinguen.
Así es tu amor,
cariño mío,
remanso de mis penas
negras,
así es tu mentón somero
que languidece cuando
tus ojos me ofrecen besos
a escondidas,
intermitentes los párpados,
atentos en su vigilia.
He sucumbido a la catástrofe
de tu cuerpo entero;
liviano y ufano al mismo
tiempo,
triunfador de pecados
que se esconden en tu lengua
parca y amortajada,
muda de silencios
de ardores inusitados.
Crece la ola de mi desesperación
cuando te observo cabalgando
carnes cetrinas,
manos que moldean
caderas sublimes.
Se derrama tu saliva
ocre, miel de cereza,
sobre el plato
de mi voraz apetito
como coito estrafalario
que de un grito agasaja,
y muere solo en la penumbra.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Es curioso ver danzar
las caderas que me saludan
regocijándose,
cual peonza arrítmica
purgada de salitre.
Miserable ungüento
aquel que me fascina
acomodado detrás de pechos
como trofeos,
como estandartes pregonados
a golpe de látigo,
me impresionaba
lo que oía.
No paré de soplarte de soslayo,
sentado en el escalón de tu brazo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
las caderas que me saludan
regocijándose,
cual peonza arrítmica
purgada de salitre.
Miserable ungüento
aquel que me fascina
acomodado detrás de pechos
como trofeos,
como estandartes pregonados
a golpe de látigo,
me impresionaba
lo que oía.
No paré de soplarte de soslayo,
sentado en el escalón de tu brazo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
viernes, 28 de diciembre de 2012
Fingirte es demasiado fácil:
buceas tan deprisa
en los recovecos de mi espalda,
hablas tan alto, tan alto
cuando te prefiero callada,
distante tu ceja en la almohada
me acecha recostada para el asalto;
mas si persigo ahora la falda
que braceando me causa risa,
no hallaré mujer más frágil.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
buceas tan deprisa
en los recovecos de mi espalda,
hablas tan alto, tan alto
cuando te prefiero callada,
distante tu ceja en la almohada
me acecha recostada para el asalto;
mas si persigo ahora la falda
que braceando me causa risa,
no hallaré mujer más frágil.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Ansío morir raudo
y volver como aire
que acaricie a puñados tu boca,
presto a recorrerte
entre las finas capas
de tu ombligo;
fúlgido aparece
el mármol de tu seno
arrebatado,
clava la garfa
apostillando sonidos precoces
que vagan desterrados
del oscuro lienzo.
Ansío morir raudo,
y que tu abrazo
sea mi cepo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
y volver como aire
que acaricie a puñados tu boca,
presto a recorrerte
entre las finas capas
de tu ombligo;
fúlgido aparece
el mármol de tu seno
arrebatado,
clava la garfa
apostillando sonidos precoces
que vagan desterrados
del oscuro lienzo.
Ansío morir raudo,
y que tu abrazo
sea mi cepo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
Hallé desierta
la plaza de tu vientre
hirsuto,
doblegado en espasmos
de transición ajena,
planeando hondo
hasta la rodilla
que prometía surcos.
Busqué a tientas
una arruga donde enmendar
mi celo,
suspirando bocanadas
deshechas,
cosiendo el cielo abierto
de mi frente fértil
como amapola que cabecea
por encima de las espigas
tiernas,
temblando
bajo el halo
que destaca tu sombra,
despojando su epinicio.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
la plaza de tu vientre
hirsuto,
doblegado en espasmos
de transición ajena,
planeando hondo
hasta la rodilla
que prometía surcos.
Busqué a tientas
una arruga donde enmendar
mi celo,
suspirando bocanadas
deshechas,
cosiendo el cielo abierto
de mi frente fértil
como amapola que cabecea
por encima de las espigas
tiernas,
temblando
bajo el halo
que destaca tu sombra,
despojando su epinicio.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
jueves, 27 de diciembre de 2012
Explotando ramea
deslindando espejos
con alabeo,
barbotando señuelos
que desbordan aguazales
lóbregos, purulentos
de todo cuanto refleja
la oquedad.
El bramante que me sujeta
se parece a la crencha
de tu miedo esparcido
como saliva sanguinolenta.
Mi alma se transforma
en corazo chica,
para que no quepa tu recuerdo.
Del poemario "Las ratas de la conciencia", de Juanjo Cuenca.-
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