DISPERSIONES

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jueves, 22 de junio de 2017

CICLO POESÍA AFRICANA


Los fulbe (o fula) fueron una de las etnias más importantes del occidente de África durante la época colonial y han sido protagonistas de grandes acontecimientos históricos en esa parte del continente durante los últimos cuatrocientos años. Sus mujeres son consideradas como las más hermosas de África Occidental, y se subdividen en dos grandes grupos: los nómadas, profundamente conservadores de sus costumbres y religión ancestral; y los sedentarios, bastante islamizados. Parte de su literatura, como este poema de amor, esta constituida por creaciones anónimas y orales, relacionadas con su cotidianidad.






POEMA DE AMOR


Con mis ojos grandemente abiertos
la distinguí a través de un ligero velo,
el velo de la aurora.
No podía creerles a mis ojos
que fuera ella.
Y sin embargo era bien ella,
y no otra sino ella misma.
Ella que me ama tanto,
ella que yo amo mucho.
La reconocí por su esbelto talle,
esbelto a la manera del talle de una mujer-avispa.
La reconocí
por su grupa firme y redondeada en media luna.
Grupa que balancea caminando
y que balancea todo su menudo cuerpo;
la reconocí por su fina boca,
guarnecida de blancos dientes
y cerrada por dos labios sin espesos,
dos labios delgados,
teñidos de azul como un puro cielo,
dos labios que se abren
y se cierran con una cautivante gracia.
En el momento en que la complicidad de la luz,
la luz emitida por la boca amarilla del sol,
del naciente sol, allá en el horizonte oriental,
iba a permitir a mis ojos
embriagarse con sus puras formas,
como un bebé se embriaga con la leche de los senos
henchidos toda la noche,
¡la púdica!,
calificarla no puedo de otro modo,
me dijo: "Adiós".
Se escabulló mimosa,
más graciosa que nunca.
Me dijo:
la luz del sol traiciona a los enamorados,
excúsame,
te amo.
Me abandonó en la llanura
y su ausencia incendió la llanura de tristeza.
Y mi corazón y mis entrañas cogieron fuego,
se consumían
y yo moría
viendo la silueta esbelta de mi amada
esfumarse en la llanura,
llanura inmensa que desciende
y la traga.
Ella partió como parte de un espejismo.
Me dejó todo jadeante, en las cenizas,
muriendo de crueles desesperos.
No puedo dirigirle palabra dura alguna
por respeto a ella,
por respeto a la mujer.
Mi mujer, mi tía y mi hermana son mujeres.
Espero que en los próximos crepúsculos,
cuando el gran cielo esté engastado de estrellas,
centelleantes como preciosas perlas,
mi amada volverá.
Volverá a rociar mis cenizas
con una fina lluvia, hecha de sus lágrimas y de su saliva,
cuya virtud me resucitará.


ANÓNIMO FULBE.-