DISPERSIONES

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lunes, 27 de febrero de 2017

CICLO POESÍA ESPAÑOLA DE LA POSGUERRA








JAIME GIL DE BIEDMA



Jaime Gil de Biedma (1929-1990), poeta nacido en Barcelona, en el seno de una familia de la alta burguesía catalana: su abuelo paterno había sido senador conservador y el materno ministro de diversos gobiernos liberales.
Estudió Derecho en Barcelona y Salamanca, por cuya universidad se licenció.
En 1953 marchó a Oxford, donde estuvo residiendo durante dos años. Su estancia en dicha Universidad le puso en contacto con la poesía anglosajona del momento que influiría en su obra. Además de los poetas ingleses, influirán en su obra Luis Cernuda y César Vallejo.
En 1955, vuelto ya de Inglaterra, tuvo que incorporarse a la Compañía de Tabacos de Filipinas (una empresa ligada a su familia), como deseaba su padre, quien ocupaba allí un alto cargo. Esto le llevó a viajar con frecuencia a Filipinas y a enamorarse de la ciudad de Manila.
A partir de los años cincuenta, mostró una postura de activa oposición al régimen franquista, lo que, en un principio, le inclinó hacia la poesía social, de la que se desmarcaría en poco tiempo.
Los excesos con el alcohol y el deseo de vivir la vida hasta el límite le ocasionó infinidad de problemas. Sufrió diversos episodios depresivos e incluso llegó a intentar suicidarse en dos ocasiones. Además, le fue negado el ingreso al Partido Comunista.
OBRA POÉTICA
Su obra poética no es muy extensa, pero Jaime Gil de Biedma está considerado uno de los mejores poetas de la Generación de Medio Siglo (también llamada "de los 50"). Utilizó la poesía para expresar su rebeldía política y experimentó con el material estético: todo fue una equivocación: yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema.
Su obra muestra el paso desde la poesía social de los años cincuenta, que habla en nombre de otros, al mundo subjetivo que habla de la experiencia propia, tendencia que triunfará a partir de la década siguiente: ironía distanciadora (señoritos de nacimiento / por mala conciencia escritores / de poesía social). Gil de Biedma se burla de la clase burguesa a la que pertenece y muestra su decadencia.
Según sentencia del tiempo (1953)
Breve entrega de doce poemas de los que muy pocos han pasado a publicaciones posteriores.
Compañeros de viaje (1959)
Poemario.
En favor de Venus (1965)
Moralidades (1966)
Poemas póstumos (1968)
La poesía de Gil de Biedma se caracteriza por un tono hedonista y vital al que acompaña una aguda conciencia del paso del tiempo, tema  obsesivo en Poemas póstumos, poemario esencialmente desengañado y amargo en el que el poeta toma conciencia de la pérdida de su juventud: Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra.
Colección particular (1969)
Las personas del verbo (1975)
ENSAYOS LITERARIOS
Cántico: el mundo y la poesía de Jorge Guillén (1960)
Diario del artista seriamente enfermo (1974)
Edición incompleta a causa de la censura.
Luis Cernuda (1977)
Ensayo sobre la vida y obra del poeta sevillano.
El pie de la letra. Ensayos 1955-1979 (1980)
Retrato del artista en 1956 (1991)
Reedición de Diario del artista seriamente enfermo (1974)
Jaime Gil de Biedma: conversaciones (2002)


LÁGRIMA



No veían la lágrima.

Inmóvil
en el centro de la visión, brillando,
demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre,
inmensa,
decían que una nube, pretendían, querían
no verla
sobre la tierra oscurecida,
brillar sobre la tierra oscurecida.

Ved en cambio a los hombres que sonríen,
los hombres que aconsejan la sonrisa.
Vedlos
presurosos, que acuden.
Frente a la sorda realidad
peroran, recomiendan, imponen confianza.
Solícitos, ofrecen sus servicios. Y sonríen,
sonríen.
          Son los viles
propagandistas diplomados
de la sonrisa sin dolor, los curanderos
sin honra.

La lágrima refleja
sólo un brillo furtivo
que apenas espejea.
La descubre la sed,
apenas, de los ojos
sobre los doloridos
utensilios humanos
-igual como descubre
el río que, invisible,
espejea en las hojas
movidas-, pero a veces
en cambio, levantada,
manifiesta, terrible,
es un mar encendido
que hace daño a los ojos,
y su brillo feroz
y dura transparencia
se ensaña en la sonrisa
barata de esos hombres
ciegos, que aún sonríen
como ventanas rotas.

He ahora el dolor
de los otros, de muchos,
dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres,
océanos de hombres que los siglos arrastran
por los siglos, sumiéndose en la historia.
Dolor de tantos seres injuriados,
rechazados, retrocedidos al último escalón,
pobres bestias
que avanzan derrengándose por un camino hostil,
sin saber dónde van o quién les manda,
sintiendo a cada paso detrás suyo ese ahogado resuello
y en la nuca ese vaho caliente que es el vértigo
del instinto, el miedo a la estampida,
animal adelante, hacia adelante, levantándose
para caer aún, para rendirse
al fin, de bruces, y entregar
el alma porque ya
no pueden más con ella.

Así es el mundo 
y así los hombres. Ved
nuestra historia, ese mar,
ese inmenso depósito de sufrimiento anónimo,
ved cómo se recoge
todo en él: injusticias
calladamente devoradas, humillaciones, puños
a escondidas crispados
y llantos, conmovedores llantos inaudibles
de los que nada esperan ya de nadie...
Todo, todo aquí se recoge, se atesora, se suma
bajo el silencio oscuramente,
germina
para brotar adelgazado en lágrima,
lágrima transparente igual que un símbolo,
pero reconcentrada, dura, diminuta
como gota explosiva, como estrella
libre, terrible por los aires, fulgurante, fija,
único pensamiento de los que la contemplan
desde la tierra oscurecida,
desde esta tierra todavía oscurecida.

JAIME GIL DE BIEDMA.-