DISPERSIONES

DISPERSIONES

sábado, 26 de noviembre de 2016

RAFAEL GUILLÉN














CAMPANAS DEL SILENCIO



Superado el sonido y su materia,
todo es estable en el silencio: voces,
desconocidos ejes
de transmisión, impulsos. percepciones,
audible traslación de pensamientos.
El silencio es un altavoz y todo,
a través de su curva resonancia,
encuentra los atajos
más directos de comunicación.
Campanas que voltean
su redondez, pasado
el cerco corporal de lo sensible.
Postrer peldaño en la ascensión sonora.

Silencio, denso medio
en que se manifiesta la absoluta
presencia.
Simultáneamente afluyen
al mandato absorbente
de su vacío, lo desconocido
y conocido, absurdo y explicable,
corporeizado y abstraído. Todo
sin barreras de tiempo ni de espacio.
Librado de partículas extrañas,
cualquier contacto, en el silencio, adquiere
consistencia de soldadura. Nada
puede romperse dentro
de su hermético seno transparente.

Germinación de lo creíble, sube
hacia la realidad o hacia la nada.
En su fluidez se mece
el hielo racional y se licúa.
Tras su lente, se acerca
el infinito. Por su inconsistencia
van evolucionando los posibles.
Es luminoso éxtasis
en donde irrumpe a golpes lo inefable,
conciencia despojada
de su último velo.

En el silencio todo es movimiento,
vibraciones inaprensibles, cambios
de postura que, sin embargo, nada
alteran la constante. Cada tiempo
en su distinta, pero inalterable,
posición, estimula
una eventualidad, a la que basta 
dar el suceso y queda proyectada.

Silencio, manantial
de perfección.
No basta poseerlo.
Existe la pasiva
plenitud de saberse poseído;
sentir que actúa de crisol en toda
nuestra verdad supuesta que, fundida
en él, esquematiza y se depura.


RAFAEL GUILLÉN ("Límites").-