DISPERSIONES

DISPERSIONES

viernes, 17 de junio de 2016

RAINER MARIA RILKE









SEGUNDA ELEGÍA



Todo ángel es terrible. Y, no obstante, ¡ay de mí!
os invoco, pájaros casi letales del alma,
sabiendo lo que sois. ¿Dónde están los tiempos de Tobías,
cuando uno de los más deslumbrantes se irguió ante el sencillo umbral,
un poco disfrazado para el viaje y ya no terrible,
(joven ante los ojos del joven, que, curioso, le miraba)?
Si ahora el peligroso arcángel bajase desde atrás
de las estrellas, sólo un paso, hacia acá: hacia arriba
latiendo, nuestro propio corazón nos mataría. ¿Quién sois?

Prístinos afortunados, mimados de la creación,
cumbres y riscos autorales de todo
lo creado. Polen de la divinidad en flor,
quicios de la luz, corredores, escaleras, tronos,
espacios de esencia, escudos de delicia, tumultos
de sentimiento tormentosamente arrebatado, y, de repente, solitarios,
espejos: que la propia belleza desbordada
vuelven a recoger en el propio rostro.

Pues nosotros, al sentir, nos volatizamos, ay,
nos disipamos en aliento, afuera: de ascua en ascua
damos más débil olor. Entonces, puede decirnos alguien:
"Sí, entras en mi sangre, este cuarto, la primavera
se llena de ti..." ¿De qué sirve?, no puede retenernos,
desaparecemos en él y en torno de él. Y los que son bellos,
oh, ¿quién los sujeta? Incesantemente hay apariencia
en su rostro y se escapa. Como rocío de la hierba mañanera
se levanta lo nuestro de nosotros, como el calor de un 
plato caliente. Oh sonrisa, ¿a dónde vas? Oh mirar arriba:
nueva, tibia ola del corazón que se escapa...;
ay de mí: eso somos sin embargo. ¿Sabe a nosotros el espacio
del mundo en que nos disolvemos? ¿Toman los ángeles
de veras sólo lo suyo, lo desbordado de ellos,
o alguna vez hay en ellos, como por distracción, un poco
de nuestro ser? ¿Estamos en sus rasgos
mezclados tan sólo como el paño en el rostro
de las encintas? Ellos no lo notan en el remolino
de su retorno a sí mismos. (¡Cómo habrían de notarlo!)


RAINER MARIA RILKE ("Elegías de Duino"- Fragmento).-